Otro campo de visión de la Visionaria Enmascarada

sábado, 26 de enero de 2013

El género de las palabras



A colación sobre las palabras que designan profesiones que pueden ser desempeñadas tanto por hombres como por mujeres, a saber: todas, a menudo se me presentan no pocas dudas. Siempre he pensado que no es ninguna deshonra para cualquier mujer que se precie que se diga la médico, la abogado, la ingeniero, la soldado... Pero al parecer las corrientes que hoy día abogan por situar a las mujeres en el lugar que nos corresponde no solo están de acuerdo sino que lo viven como una exigencia el pretender que se diga abogada, médica, ingeniera, jefa, etc., modos que al parecer no solo están permitidos por la RAE sino que los designan como correctos, es decir, que otra cosa al respecto sería incorrecta.

Varias son entonces las objeciones que me vienen a la cabeza, si las mujeres, como tales, deberíamos exigir que se cumpla esta diferenciación, lo cual parece ser que implica ponernos en nuestro lugar, creo que no deberíamos entonces conformarnos con que a una cantante de ópera se diga de ella que es soprano así como tampoco una “top model”, término aceptado en España en cuanto a la jerga de la moda, debería consentir que se la llame modelo.

Y si de moda hablamos, al parecer hoy día ya está admitida por la RAE la palabra modisto para representar a un hombre que se dedica al diseño y/o confección de prendas de ropa, mientras que modista sigue siendo común a los dos géneros (como taxista y periodista).

Dice la Wikipedia, a propósito de este tema: “El modista acuerda con su cliente el tipo de ropa que va a confeccionar concretando los detalles de la misma referidos a formas, colores, material, acabados, etc. Toma medidas establecidas (según el estudio de este oficio) del cuerpo para establecer las dimensiones que adoptarán las prendas, desarrolla la moldería, corta la tela , cose una toile, (denominada así por los modistas franceses) y resuelve con su cliente las terminaciones del diseño”.
He subrayado los términos modista y cliente para observar cómo son empleados como palabras neutras, que pueden referirse tanto al femenino como al masculino.

En principio no es que me parezca mal que, según de qué forma, se corrija nuestro idioma, siempre que con ello se contribuya a favorecer la igualdad de las mujeres, con lo que no estoy de acuerdo es con las chapuzas, con los cambios realizados sobre la marcha y a la ligera creyendo que estamos haciendo un bien en pro del feminismo cuando estamos dejando hilos sin rematar que lo único que pueden hacer es crear enredos.

Pienso que, si lo correcto es decir médica o abogada, se impone corregir otros términos que indican profesiones y que acaban en a porque, me parece a mí, nos están perjudicando de igual manera. Por ejemplo, si decimos de alguien que es psiquiatra o pediatra, debemos anteponerle el artículo, masculino o femenino, para diferenciar si hablamos de un hombre o una mujer, e igualmente sucede si nos referimos a un taxista o una taxista. ¿Qué ocurre entonces? que las mujeres que se dedican a estas profesiones estarán en inferioridad de condiciones que las que diferencian la terminación según se refiera al masculino o al femenino. Podría suceder igualmente que los hombres protestaran y al ver que a una mujer se le dice que es médica, exigieran, con toda razón, llamarse taxistos, psiquiatros, artistos, periodistos, etc., igual que ha sucedido con los modistos.

Otro problema que observo es que últimamente hay cierta reticencia por parte de las mujeres que escriben poesía en ser llamadas poetisas. Esto me viene dando vueltas en la cabeza desde hace cierto tiempo y, según algo que leí, al parecer es debido a que esa feminización de la palabra poeta que la convierte en poetisa, resulta en un término que suena despectivo y las mujeres que reivindican sus derechos prefieren que se las designe como poetas, lo cual me lleva al mismo punto de antes. ¿Cómo diferenciarnos entonces las poetas de los poetas? Pues, no me queda más que la opción de llamar a los hombres poetos.

En cuanto a las palabras que no terminan ni en a ni en o, como las acabadas en e o en consonante, sigo encontrando también dilema. ¿El femenino de jefe es jefa?, ¿el de cliente es clienta?, ¿el de presidente, presidenta? Yo pensaba que esas palabras acabadas en e hacían referencia a un neutro que vale lo mismo para hombre que para mujer. No veo problema en hablar de la cliente ni de la jefe, ni de la juez o de la alférez. ¿Por qué hemos de pensar que que estos términos implican masculinidad? Pero si de todas formas antiguamente la alcaldesa era la mujer del alcalde...

¿Por qué existen animales que pueden ser nombrados de manera diferenciada si son machos o si son hembras y en cambio hay otros que no, que es necesario especificar si es macho o hembra? Podemos decir león o leona, perro o perra, gato o gata, tigre o tigresa... ¿Deberíamos quizás referirnos a la mujer que compra en una tienda como clientesa? No nos referimos a la señora que ejerce la alcaldía como alcalda sino como alcaldesa. Volviendo a los animales ¿por qué la jirafa, la cebra, la hiena o la rana machos están discriminados?

Para mí la cuestión es clara, o se reforma nuestra lengua española en busca de una igualdad en la que queden claramente diferenciados los términos que hacen referencia al masculino de una profesión de los que hacen referencia al femenino, o tiramos por el camino de en medio y creamos palabras neutras o comunes que valgan tanto para designar a hombres como a mujeres, es decir, a seres humanos (¿y seras humanas?), a personas (¿y personos?). Me queda, así pues, esa otra opción de permitir que la médico sea una mujer que ejerce la medicina y la taxista sea una mujer que conduce un taxi y nos traslada de un lugar a otro. Para mí, se impone una revisión de toda la lengua para ser adaptada a los tiempos que corren, las chapuzas no me gustan, porque, de continuar en el punto que estamos, se corre el riesgo de ser juzgados mal, de ser malinterpretados, según empleemos un término u otro.

Por otra parte, a mi modo de ver, ¿qué más da que quien revise nuestra salud o nos extienda una receta sea hombre o mujer, que quien nos defienda en un juicio sea hombre o mujer, que quien nos traslade en su taxi sea hombre o mujer, que quien esté por encima de nosotros en un trabajo sea hombre o mujer, que quien esté al frente de un gobierno sea hombre o mujer...? lo importante es que tenga la capacidad suficiente para ejercer correctamente su profesión y esto, creo que hoy día ya no tiene vuelta de hoja y, si alguien cree que sí, que se enmiende y aprenda; creo que está suficientemente demostrado que una mujer puede ejercer cualquier profesión igual que un hombre, aunque no por ello cualquier mujer puede ejercer cualquier profesión igual que cualquier hombre no puede ejercerla tampoco. Creo que las personas, por el hecho de serlo, independientemente de nuestro sexo, tenemos unas capacidades que podemos desarrollar a lo largo de nuestra vida, unas tendencias en lugar de otras, unos talentos y no otros, y esos son los que debemos fomentar, y nada tiene que ver esto con ser mujer o ser hombre.

V. E.

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