A colación sobre las palabras que
designan profesiones que pueden ser desempeñadas tanto por hombres
como por mujeres, a saber: todas, a menudo se me presentan no pocas
dudas. Siempre he pensado que no es ninguna deshonra para cualquier
mujer que se precie que se diga la médico, la abogado, la ingeniero,
la soldado... Pero al parecer las corrientes que hoy día abogan por
situar a las mujeres en el lugar que nos corresponde no solo están
de acuerdo sino que lo viven como una exigencia el pretender que se
diga abogada, médica, ingeniera, jefa, etc., modos que al parecer no
solo están permitidos por la RAE sino que los designan como
correctos, es decir, que otra cosa al respecto sería incorrecta.
Varias son entonces las objeciones que
me vienen a la cabeza, si las mujeres, como tales, deberíamos exigir
que se cumpla esta diferenciación, lo cual parece ser que implica
ponernos en nuestro lugar, creo que no deberíamos entonces
conformarnos con que a una cantante de ópera se diga de ella que es
soprano así como tampoco una “top model”, término
aceptado en España en cuanto a la jerga de la moda, debería
consentir que se la llame modelo.
Y si de moda
hablamos, al parecer hoy día ya está admitida por la RAE la palabra
modisto para representar a un hombre que se dedica al diseño
y/o confección de prendas de ropa, mientras que modista sigue
siendo común a los dos géneros (como taxista y periodista).
Dice
la Wikipedia, a propósito de este tema: “El modista
acuerda con su cliente el tipo de ropa que va a confeccionar
concretando los detalles de la misma referidos a formas, colores,
material, acabados, etc. Toma medidas establecidas (según el estudio
de este oficio) del cuerpo para establecer las dimensiones que
adoptarán las prendas, desarrolla la moldería, corta la tela , cose
una toile, (denominada así por los modistas franceses) y resuelve
con su cliente las terminaciones del diseño”.
He subrayado los
términos modista y cliente para observar cómo son
empleados como palabras neutras, que pueden referirse tanto al
femenino como al masculino.
En principio no es que me parezca mal que, según de qué forma, se
corrija nuestro idioma, siempre que con ello se contribuya a
favorecer la igualdad de las mujeres, con lo que no estoy de acuerdo
es con las chapuzas, con los cambios realizados sobre la marcha y a
la ligera creyendo que estamos haciendo un bien en pro del feminismo
cuando estamos dejando hilos sin rematar que lo único que pueden
hacer es crear enredos.
Pienso que, si lo correcto es decir médica o abogada, se
impone corregir otros términos que indican profesiones y que acaban
en a porque, me parece a mí, nos están perjudicando de igual
manera. Por ejemplo, si decimos de alguien que es psiquiatra o
pediatra, debemos anteponerle el artículo, masculino o femenino,
para diferenciar si hablamos de un hombre o una mujer, e igualmente
sucede si nos referimos a un taxista o una taxista. ¿Qué
ocurre entonces? que las mujeres que se dedican a estas profesiones
estarán en inferioridad de condiciones que las que diferencian la
terminación según se refiera al masculino o al femenino. Podría
suceder igualmente que los hombres protestaran y al ver que a una
mujer se le dice que es médica, exigieran, con toda razón,
llamarse taxistos, psiquiatros, artistos, periodistos, etc.,
igual que ha sucedido con los modistos.
Otro problema que observo es que
últimamente hay cierta reticencia por parte de las mujeres que
escriben poesía en ser llamadas poetisas. Esto
me viene dando vueltas en la cabeza desde hace cierto tiempo y, según
algo que leí, al parecer es debido a que esa feminización de la
palabra poeta que la
convierte en poetisa,
resulta en un término que suena
despectivo y las mujeres que reivindican sus derechos prefieren que
se las designe como poetas, lo
cual me lleva al mismo punto de antes. ¿Cómo diferenciarnos
entonces las poetas de los poetas? Pues, no me queda más que la
opción de llamar a los hombres poetos.
En cuanto a las
palabras que no terminan ni en a ni en o, como las
acabadas en e o en consonante, sigo encontrando también
dilema. ¿El femenino de jefe es jefa?, ¿el de cliente
es clienta?, ¿el de presidente, presidenta? Yo
pensaba que esas palabras acabadas en e hacían referencia a
un neutro que vale lo mismo para hombre que para mujer. No veo
problema en hablar de la cliente ni de la jefe, ni de
la juez o de la alférez. ¿Por qué hemos de pensar
que que estos términos implican masculinidad? Pero si de todas
formas antiguamente la alcaldesa era la mujer del alcalde...
¿Por qué existen
animales que pueden ser nombrados de manera diferenciada si son
machos o si son hembras y en cambio hay otros que no, que es
necesario especificar si es macho o hembra? Podemos decir león o
leona, perro o perra, gato o gata, tigre o tigresa... ¿Deberíamos
quizás referirnos a la mujer que compra en una tienda como
clientesa? No nos referimos a la señora que ejerce la
alcaldía como alcalda sino como alcaldesa. Volviendo a
los animales ¿por qué la jirafa, la cebra, la hiena o la rana
machos están discriminados?
Para mí la
cuestión es clara, o se reforma nuestra lengua española en busca de
una igualdad en la que queden claramente diferenciados los términos
que hacen referencia al masculino de una profesión de los que hacen
referencia al femenino, o tiramos por el camino de en medio y creamos
palabras neutras o comunes que valgan tanto para designar a hombres
como a mujeres, es decir, a seres humanos (¿y seras humanas?), a personas
(¿y personos?). Me queda, así pues, esa otra opción de permitir
que la médico sea una mujer que ejerce la medicina y la
taxista sea una mujer que conduce un taxi y nos traslada de un
lugar a otro. Para mí, se impone una revisión de toda la lengua
para ser adaptada a los tiempos que corren, las chapuzas no me
gustan, porque, de continuar en el punto que estamos, se corre el
riesgo de ser juzgados mal, de ser malinterpretados, según empleemos
un término u otro.
Por otra parte, a mi modo de ver, ¿qué
más da que quien revise nuestra salud o nos extienda una receta sea
hombre o mujer, que quien nos defienda en un juicio sea hombre o
mujer, que quien nos traslade en su taxi sea hombre o mujer, que
quien esté por encima de nosotros en un trabajo sea hombre o mujer,
que quien esté al frente de un gobierno sea hombre o mujer...? lo
importante es que tenga la capacidad suficiente para ejercer
correctamente su profesión y esto, creo que hoy día ya no tiene
vuelta de hoja y, si alguien cree que sí, que se enmiende y aprenda;
creo que está suficientemente demostrado que una mujer puede ejercer
cualquier profesión igual que un hombre, aunque no por ello
cualquier mujer puede ejercer cualquier profesión igual que
cualquier hombre no puede ejercerla tampoco. Creo que las personas,
por el hecho de serlo, independientemente de nuestro sexo, tenemos
unas capacidades que podemos desarrollar a lo largo de nuestra vida,
unas tendencias en lugar de otras, unos talentos y no otros, y esos
son los que debemos fomentar, y nada tiene que ver esto con ser mujer
o ser hombre.
V. E.
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