Otro campo de visión de la Visionaria Enmascarada
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viernes, 8 de marzo de 2013

Casco en bici obligatorio


Me pregunto si está demostrado estadísticamente o de alguna otra manera que el casco salve la vida del ciclista. Yo, sinceramente, creo que lo único que demuestra esta absurda medida que al parecer nos van a imponer a l@s que como yo nos gusta pasear en bici, hacer los recados o las compras pertinentes en bici o simplemente desplazarnos por ciudad en bici porque nos parece una forma más práctica, rápida, económica y saludable de ir de un lado a otro por ciudad, es la necesidad de los ayuntamientos de encontrar la manera de sacar un dinero extra que son capaces de buscar hasta debajo de las piedras.

Sí, amig@s, ¿alguien piensa que si nos imponen la obligatoriedad del caso a los ciclistas en ciudad es por protegernos?, pero, si sobramos gente..., si cuanto menor sea el número de habitantes por ciudad, menor será el índice de paro.

¿Cómo es que los gobiernos no están haciendo nada por evitar el creciente número de suicidios que se está dando cuando hay personas que llegan a un punto en sus vidas que no encuentran una opción que les posibilite seguir haciéndolo? ¿No están los gobernantes robando el dinero de los contribuyentes, de los ciudadanos de a pie, que somos las personas más vulnerables a causa de esta maldita crisis que nos consume hasta el punto de que hay gente que no encuentra ya medios a su alcance para vivir en una sociedad que está planteada para el consumo y por el consumo?

No hay dinero para ayudas, no hay fondos para subvenciones. Para mí es más que evidente que uno de los medios más cómodos al alcance de los ayuntamientos es la práctica de la temible multa. Claro que, me digo, qué ilusos si pretenden que hoy día los ciudadanos, que apenas tenemos para cubrir las necesidades diarias (los que las tenemos), estaremos dispuestos a pagar multas, en el caso concreto que nos ocupa, los aficionados a circular en bici, por no llevar el casco puesto en nuestros desplazamientos por ciudad.

Sí, ya sé que de esto deviene otra pregunta pertinente: ¿por qué no vamos a llevar el casco puesto cuando circulemos en bici si, como parece, va a salir una ley que lo haga obligatorio? Pues porque montar en bicicleta es uno de los ejercicios más saludables y satisfactorios, de esos capaces de aumentar nuestra tasa de endorfinas y no solo por el ejercicio del pedaleo en sí, sino por la libertad y la ligereza que permite sentir a quien lo practica. Libertad de movimientos, al sentirte desprovisto de cualquier peso añadido, o de incómodas ataduras o artilugios que nos imposibiliten o hagan más incómodos los ademanes o giros de cabeza para mirar hacia los lados para controlar la circulación a nuestro alrededor, para tener un campo de visibilidad suficiente para abordar la tarea de cruzar o, en definitiva, poder practicar un ejercicio que en sí debería proporcionar toda la libertad del mundo, toda esa sensación de sentirnos libres de ataduras, de sentir el oxígeno del aire rozando nuestra piel, los poros de nuestra cabeza despejados de cualquier opresión y el masaje relajante que proporciona nuestra cabellera al viento.

Pero a alguien se le ha ocurrido que es hora de “salvar vidas a los ciclistas” y para ello nada mejor que obligarle a llevar su casco puesto, aun a riesgo de provocarle ciertas incomodidades que le convertirán el sano y placentero ejercicio de pasear en bici en una tarea incómoda que le supondrá adicionar una carga más o menos pesada, molesta, incordiante y que, en la mayoría de los casos no está demostrado que sirva de mucho en caso de accidente, más bien, pienso yo, que favorecerá provocarlo, debido, como decía antes, al impedimento de la buena visibilidad o facilidad de movimientos o giros rápidos y efectivos de cabeza en momentos de la circulación en que se necesite la libertad total y absoluta de reflejos.

Ahora, lo que no tengo muy claro es si lo que pretenden es multarnos para sacar de alguna forma ese dinerito extra que les está haciendo falta o tal vez lo que esperan conseguir es deshacerse de un buen número de "molestos ciclistas que obstruyen o ponen en peligro el tráfico en las ciudades", que, ante la incomodidad de llevar el casco puesto o el temor a ser multados, se retirarán de la circulación.

Yo, aparte de expresar mi sincera opinión y adhesionarme a las plataformas o asociaciones de ciclistas que no están de acuerdo con la puesta en marcha de esta ley y tratan de impedir que se promulgue, voy a terminar este post con una imagen fotográfica, porque, como muy sabiamente dirían los orientales: “una imagen vale más que mil palabras”. Ésta corresponde a una instantánea de una famosa película que supongo que la mayoría habréis visto, El Sexto Sentido, sí, justamente esa en la que el niño protagonista en ocasiones veía muert@s...



V. E.


sábado, 23 de febrero de 2013

A Risto Mejide



A Risto Mejide

-desde mi más sincera opinión-





El otro día, haciendo zapping, caí en uno de esos programas que casi nunca suelo seguir, se trataba de Tú sí que vales. Reconozco que pudo ser el morbo lo que me mantuvo sin pasar de cadena por un buen rato, la expectación del rifirrafe que las secuencias previas prometían. Y eso fue lo que me perdió y ojalá haya aprendido la lección y me sirva de escarmiento.

Entre otras cosas, no me gusta nada el conjunto del programa, ni el presentador (aunque hace lo que puede, lo reconozco, el terreno no da para más), ni la ambientación, ni el backstage, ni el jurado en ninguna de sus modalidades, nada de nada. Y los concursantes, si acaso hay alguno con un mínimo de calidad, se pierde entre tanta mamarrachada.

Reconozco que soy una morbosa por pararme a verlo y que me dejé llevar por el pique. No, si yo prefiero lo de los cuerpos embarazosos, pero es que ya están todos tan vistos... Pero al final tuve mi merecido porque la actuación de Risto consiguió sacarme de mis casillas.

Sinceramente, no entiendo mucho de los entresijos televisivos y no estoy segura de si un miembro de un jurado actúa desde sí mismo o interpreta un papel dentro de un guión o simplemente sigue las pautas de un personaje creado. Y digo esto porque, a estas alturas, no sé si Risto es como aparenta ser o interpreta un personaje. Ahora, lo que sí sé es que no hay derecho que justifique la humillación de un o una concursante. Porque, señor Mejide, una cosa es una crítica constructiva que, como usted pretende, pueda ayudar al artista a evolucionar y otra cosa muy diferente es humillar y avergonzar a la persona delante de un público en el plató y de unas cámaras que representan a un público mucho más amplio.

Bochornosa me pareció la actuación de Risto que, a mi juicio, metió la pata hasta el fondo con una concursante que provenía de Cuba y cantaba a dúo con un chico nicaragüense, creo, que la acompañaba a la guitarra, Leydanis y Will, y que estoy segura de que hasta el día de su intervención en el programa Tú sí que vales no habría imaginado que pudieran existir personas como Risto, y he de suponer que tendrá experiencia con otros españoles y españolas y no habrá llegado a la conclusión de que en España somos así, pero, encima de que manifestó sentir esa responsabilidad y ese miedo que le causaba actuar ante un público español, fue Risto y hurgó en su herida. A mí que no me digan, pero la intención de Risto para mí fue claramente la de humillarla, ¿por qué? solo él lo sabrá. Para mí fue evidente el ensañamiento verbal que consiguió hundir a la persona, con la excusa, ¡qué risa!, de que como artista se encontraría a lo largo de su carrera con situaciones o críticas de ese tipo con las que debería aprender a lidiar y la harían reconocer sus errores.

Pues no, Risto Mejide, sí que existe gente como usted, y existe gente que actúa con maldad, y existe gente que inflige dolor solo por placer, y sí, claro, por supuesto que tropezarse con una de esas personas es algo didáctico para la vida, pero nada tiene eso que ver con una crítica de arte, con una crítica de una actuación en un escenario. Y un artista que actúa en un escenario está interaccionando con un público, existe una relación directa y recíproca artista-público público-artista, y lo normal y lógico es que un artista intente congraciarse con su público, crear un clima de complicidad entre ambos, y usted debería saber que el carácter de los cubanos o de los latinoamericanos en general es mucho más afable, expresivo y exteriorizable que el nuestro, y para qué decir que el suyo. Y usted, Risto Mejide, confunde la sinceridad con la malasombra y se considera seguramente a sí mismo como alguien muy sincero, porque dice lo que piensa, lo que no se da cuenta es de que lo que piensa son la mayoría de las veces aberraciones producto de una personalidad prejuiciosa y paranoica como es la suya.

Usted llamó de forma gratuita “falsa” a una señora que cantó como mejor supo, o pudo, llevada por los nervios de la responsabilidad que para ella suponía esa actuación, ese debut en una cadena de una televisión española, actuación para llegar a la cual había pasado un casting; una persona que para mi gusto, si bien tuvo ciertos fallos durante su interpretación, es una cantante nata y una artista nata, y tiene un potencial bestial con su voz y tiene un talento que quizás deba pulir pero que no se puede negar que lo tiene, y quiso interactuar con el público porque eso es lo que hace un artista sobre el escenario, y me parece que los aplausos que consiguió salieron del público espontáneamente y para nada porque ella lo manipulara con su supuesta falsedad. Y estoy segura, señor Risto Mejide, que usted no se atrevería a llamar falsos a un Raphael o a una Isabel Pantoja...

En todo caso debería haberle explicado a Leydanis ese concepto de la falsedad que usted tiene, de la falta de sinceridad en un escenario, y que evidentemente ella no entendió ni se sintió identificada en manera alguna, lo único que sintió fue una humillación gratuita que consideraba que no merecía para nada. Estoy convencida de que a juicio de ella misma lo último que se sentía era falsa y así lo manifestó desde lo profundo de su persona. Ella era auténtica, real, era así, como ella misma dijo, y que alguien le espetara lo contrario solo lo podía interpretar como un insulto y una falta de respeto. A mi modo de ver (ahora que he encontrado el vídeo de esa actuación y lo he revisado), creo que usted confundió la falta de sinceridad sobre el escenario con una cierta pérdida de papeles, una cierta sobreactuación que yo creo que fue por causa de los nervios.

Y me da rabia, señor Mejide, mucha rabia, pensar que usted estaría a buen seguro sintiendo un placer inmenso al ver la imagen de la chica descomponerse, al ver el negro de su maquillaje de ojos resbalar por sus mejillas al no poder contener unas lágrimas que brotaban de sus ojos sin poder impedirlo, por mucho que ella, estoy segura, trataba de mantenerlas a raya y mantener el tipo mientras usted, ¡hipócrita y falso Risto!, se justificaba pensando que le hacía un favor a ella con su sabia crítica, porque, una inteligencia como la suya no tiene rival y usted sabe perfectamente lo que le conviene a cada uno de los concursantes a los que debe enjuiciar.

Y es que, Risto, no nos engañemos, no se engañe usted, pero no es la primera vez que le he visto reaccionar de manera paranoica ante un gesto, un simple gesto, una mueca, una leve sonrisa, malinterpretados por usted, de alguno de los artistas a los que, como a esta sensible mujer cubana, ha faltado al respeto, sí, ese que ella misma le pidió que le devolviera, no porque, como usted dijera, “el respeto no se exige, el respeto se gana”, sino porque el respeto es algo a lo que todas las personas, como seres humanos, nos debemos unos a otros. Y es que usted confunde los términos y se queda tan pancho, porque usted está tan pagado de sí mismo que siempre siempre sus opiniones prevalecerán por encima de las de los demás. Si es que es tan sencillo... Risto, usted le faltó al respeto y ella le hizo esa advertencia o esa petición porque no se sentía merecedora de ello, y no hay más. Y usted va y pretende darle la vuelta a la tortilla y manifestar que era ella quien debía demostrar que merecía un respeto. Perdone que me ría a pesar de mi indignación. Es como si un asesino que mata a otra persona porque se le antoja que no merece seguir viviendo alegara en su defensa que la mató porque ella se lo buscó, que para continuar con vida tiene cada cual que demostrar que así lo merece. O sea, como que la vida no es un derecho inalienable de todas las personas sino que han de hacer méritos para que así sea. Sí, esa es su postura, Risto Mejide, esa chica no se había hecho respetar porque, según usted, era “falsa no, lo siguiente”. Me quedo sin palabras.

El respeto, dice usted, Risto, que es lo que ha ejercido levantándose por la mañana, yendo al plató, mirando el ensayo de la pareja varias veces y escuchando su actuación sin interrupción por su parte. Jajaja, hasta ahí podíamos llegar... Ese es su trabajo, nada tiene que ver con lo del respeto. Sin embargo usted sí que ha interrumpido a Leydanis cuando ella, desde su ingenuidad, relataba su experiencia de venir a España buscando oportunidades y usted ha cortado su alegato con una sarcástica carcajada y un comentario sobre lo poco acertado de venir a nuestro país con ese propósito. Pero eso no es faltar al respeto. Sin embargo después, cuando ella ha hecho una pequeña interrupción al sentirse ofendida o desconcertada por sus palabras, unas palabras dirigidas a ella personalmente y que le parecían injustificadas, entonces era ella la que le estaba faltando al respeto a usted por esa breve interrupción. Que me lo expliquen...

Pero el colmo ya fue cuando, seguramente, intuyó que había metido la pata y se había pasado unos cuantos pueblos con esa mujer y para “arreglarlo”, como premio de consolación va y le concede un “tú sí que vales” que ese sí que era más falso que los paraguas de un bazar chino. ¿Acaso pretendía usted desagraviarla...? porque, no sé, de verdad que no lo sé, si usted era consciente de estar humillándola más aún o es que de psicología sabe lo que yo de física nuclear. Me pregunto cómo le llama usted a esa actuación suya de, después de lo sucedido, otorgarle el voto de “tú sí que vales”. ¿Eso se llama falsedad o ensañamiento? A estas alturas me da igual su respuesta, es usted un impresentable. Yo, no solo no lo compro (por cierto, creo que eso sería esclavitud) sino que tampoco me lo quedo ni regalao.

V. E.

domingo, 10 de febrero de 2013

Ada Coalu versus Sanchez Dragó



Ada Colau versus Sánchez Dragó



Vergüenza ajena, rabia, dolor profundo y una extraña sensación de no pertenencia al mundo, a nuestro planeta tierra, una sensación de plantearme ¿pero qué es la humanidad?, rara e indescriptible, me produce cada vez que veo por televisión imágenes de desahucios de viviendas, con una violencia extrema por parte de las fuerzas del orden tratando como criminales, peor incluso, porque ni los criminales merecen ese trato, a personas cuyo único delito cometido ha sido fiarse de instituciones que nos pintan como de gran ayuda para el desenvolvimiento normal de nuestro día a día, cuando en realidad son instituciones impuestas, y no por la necesidad de tener a buen cobijo nuestro dinero sino porque hoy día, si no es que vivimos en una isla desierta y perdida en medio del océano, como un Robinson Crusoe cualquiera, estamos obligados, porque así nos lo impone nuestra adaptada vida social, porque así nos lo demanda cualquier empresa que nos suministre un servicio, a tener abierta una cuenta en un banco.

Tal vez el papel de los bancos cuando empezaron a surgir era el de proteger nuestro dinero, pero, si bien poco a poco fue convirtiéndose en negocio, al fin ha llegado a ser una forma de crimen organizado, una mafia extorsionadora de ciudadanos de a pie, con el beneplácito y absoluto consentimiento de las autoridades gubernamentales.



La señora Ada Colau, portavoz de la PAH (plataforma de afectados por la hipoteca) ha creado un gran revuelo y escándalo y ha sido conminada a retractarse de sus palabras porque se ha atrevido a llamar a las cosas por su nombre, y es que, si alguien comete un crimen, resulta que es un criminal.

No me había fijado antes en esta mujer hasta que no ha surgido como noticia su atrevimiento en el Congreso y los medios nos han bombardeado con su imagen temblorosa, indignada, emocionada, conteniendo la rabia y alegando que si se había reprimido y no había lanzado su zapato era porque le parecía mucho más importante poder decir lo que tenía que decir.

Me parece que Ada hizo bien en lo de contenerse con su zapato, tal vez yo no habría sido capaz, y es que, gracias a ese esfuerzo de dominio de sí, hemos podido escucharla y creo que era y es tan importante lo que tenía que decir... Es tan importante que tomemos conciencia de lo que está sucediendo en nuestro país... Es tan importante que haya personas que se atrevan a llamar a las cosas por su nombre...

Cuando veo ciertas imágenes por televisión no puedo evitar sentir recordar otras muy parecidas de tiempos pasados de dictadura y no puedo evitar darme cuenta de la total, pura y dura represión que se está ejerciendo sobre las personas, sobre la ciudadanía. Como si fueran secuencias de una película de Ciencia Ficción de temática distópica, así me llegan las imágenes televisivas que nos muestran a las fuerzas del orden desalojando de sus viviendas a pobre gente desesperada que se aferra a sus escasos metros de protección entre cuatro paredes, que les están desprendiendo, como si les arrancaran las uñas, de un derecho básico de la persona, con una violencia que raya en el ensañamiento, ya sean ancianos o niños, no importa, e igualmente esas otras en las que los ciudadanos o ciudadanas, de cualquier edad, incluso niños o niñas o adolescentes que pasaban por allí a la salida de clase, que coincidían en algún punto de la calle con algún tipo de manifestación, probaban en sus cuerpos la violencia gratuita ejercida con el ánimo, para mí no es otro, de la represión, para mí no es otro que el de crear miedo, el de amedrentar a la gente para que no luche por lo que es suyo, para conseguir evitar que la sociedad escuche, porque, tal y como están los tiempos, es mejor mantener los oídos de la gente sordos y los ojos ciegos.

No puedo evitar pensar, cuando veo ese tipo de imágenes que nos muestran a gente inocente herida, conmocionada, sangrando, siendo recogida por ambulancias, recibiendo palizas, golpes, empujones, y no precisamente gente joven y fuerte capaz de plantar cara sino, qué casualidad, los más débiles, los que no han sido capaces de correr y huir a tiempo, que esas aparentes fuerzas del orden no son más que mercenarios pagados para disolver manifestaciones que resultan sumamente incómodas para gobernar a capricho, hombres sedientos de violencia, entrenados para tal fin.

Hay cosas que no me entran en la cabeza... Hay cosas que me dicen que lo que estamos viendo no es lo que aparenta. Hay cosas que me indican que el gobierno actual, el del PP de Mariano Rajoy es un gobierno que ejerce la represión, es un gobierno al servicio de los más ricos y poderosos, es un gobierno que oprime al débil y esto, por mucho que haya sido elegido en las urnas, dista mucho de ser una democracia.



Para terminar, y se me habrá notado que estas palabras mías de hoy no contienen pizca de humor ni visos de ironía, vaya mi indignación contra Fernando Sanchez Dragó que, lo siento por él pero me da la sensación de que está chocheando. Es cierto que Sanchez Dragó es un hombre sin etiquetas, y eso me gusta, pero es que a estas alturas está tan desprovisto de cualquier tipo de etiqueta que ya no lleva ni la de la talla ni la de instrucciones de lavado; en definitva, Sanchez Dragó es tan ambiguo que me parece que se acerca en cada momento a la estufa que más calienta.

A Fernando yo le seguía en otros tiempos cuando veía en él un hombre culto y representante de la cultura, cuando me parecía que tenía mucho que enseñar y yo mucho que aprender de él, cuando nos presentaba, en aquellos programas de la 2, libros o temas interesantísimos capaces de abrir nuestra mente retrógrada y confusa de aquellos años, cuando nos proponía todas aquellas formas de vida diferentes, aquella visión sobre las cosas que nos abría horizontes mucho más allá de nuestras fronteras de pensamiento, hasta que comencé a intuir su fraude, hasta que comencé a darme cuenta de su machismo enmascarado (o descarado), hasta que acabó abandonado esas filas en las que otrora luchara por defender ciertos derechos para manifestar abiertamente que daba su voto al PP.

Ahora no puedo menos que confirmar que Sanchez Dragó se ha salido de madre cuando, en el programa de Tele 5 El Gran Debate, se ha dirigido a Ada Colau, a la que ha llamado Ana, no por una equivocación al hablar, algo que nos puede pasar a cualquiera, sino porque parecía no haberse informado del nombre de la persona cuya actuación iba a criticar, para advertirle, en plan tutorial, que debería llevar cuidado con su lenguaje porque era proferir un insulto eso de llamar “criminal” a alguien y más cuando nada parecía indicar que los dirigentes de banca fueran criminales y, en fin, con una pasmosa postura conformista-capitalista, ha intentado tirar por tierra la brillante y valiente actuación de Ada, defendiendo los intereses tanto de gobierno como de banca en un discurso que yo pienso que ni él mismo se creía.

Y es que a mí, la sensación que me da ese hombre que se cree estar por encima de todo y de todos, que aparenta estar de vuelta e inundado por la paz de quien no se deja inmutar por nadie ni por nada, cuando lo único que hace es salir al encuentro de quien sea con su punta de flecha apuntándole, es la de disfrutar de la provocación directa hacia quien, como Ada, es vehemente y se toma la vida en serio y es capaz de partirse el pecho por defender aquello en lo que cree. Claro, es la ventaja de quien, a estas alturas de la vida, ya no cree en nada y se puede permitir jugar con las creencias de los demás y lo que es peor, con los derechos de quienes sufren la injusticia.

A mi modo de ver, Dragó, lo mismo podía haber estado sentado a la derecha que a la izquierda de Ada, lo mismo podía haber expuesto una opinión a favor que en contra de Ada; a él todo eso le trae sin cuidado, lo único que pretende es provocar, y si el interfecto o la interfecta se presta a ello, ya ha encontrado su campo de acción ideal. A Dragó le gustan las emociones fuertes y bajo esa apariencia de dominio absoluto de sí disfruta como un niño jodiendo a quien le toque en la ocasión.

Pero espero que no me hayan malinterpretado cuando dije eso de la “estufa que más calienta”, no es que el pobrecito tenga frío, que va, es que lo que busca es quemarse.

¿Acaso Fernando se despistó y no sabía que Ada era Ada y no Ana?... Yo creo que lo sabía perfectamente..., pero así, de entrada, ya tenía un as en su manga para juguetear con los nervios de la chica e intentar que se descentrara. Pero no lo consiguió, creo que Ada sabe lo que se hace, sabe lo que defiende y obra en conciencia, algo que me parece que Sanchez Dragó dejó abandonado hace tiempo en alguno de sus viajes por todo lo ancho y largo de este mundo.


V. E.


sábado, 9 de febrero de 2013

Bienvenido Mr. Adelson!!



Bienvenido Mr. Adelson!!





Eran otros tiempos... Corría la década de los 50 del pasado siglo XX. España había sufrido y mucho y necesitaba ser rescatada de su miseria y que alguien la ayudara a resurgir de sus propias cenizas. El general Francisco Franco la había “salvado de la podredumbre” y ahora le llegaba la insigne tarea de levantarla y hacerla brillar; era el momento de hacer de España Una, Grande y Libre. Pero esa España, deshecha y debilitada necesitaba ayuda y de las grandes, no había más remedio que venderse al mejor postor.

Estratégicamente España era y es un territorio privilegiado desde ciertos puntos de vista. Así que, sin dudarlo, la opción maravillosa era dar cabida a las bases militares norteamericanas. En plena guerra fría, no cabía duda alguna de que esa sublime ayuda convertiría a España en un gran baluarte de defensa contra la “amenaza comunista”. El gobierno norteamericano proporcionaba así a España un apoyo tanto moral como armamentístico, reforzando nuestro ejército, mientras que España aseguraba un puesto estratégico inigualable.

Sin embargo España, razones hubo de haber que para mí (y para la mayoría, creo) no están claras, se dice que por cuestiones religiosas (¿?)..., no entró en el plan de reconstrucción creado por el gobierno de los Estados Unidos de la Europa destruida como consecuencia de la segunda guerra mundial. Tal vez fuera porque España no tomó parte...

Cuando todo esto sucedía yo apenas era una bebé, así que no me enteraba mucho del asunto, pero sí que me encantó ver, algunos años más tarde, reflejado todo ese ambiente que retrataba la miseria, la pobreza, la ingenuidad del pueblo español en una mítica película, dechado de ironía y sarcasmo, que rayaba en la genialidad, del insigne cineasta Luis García Berlanga y que refleja la espera emocionada por parte de un pueblecito típico de la España profunda, Villar del Río, de los americanos, a los que deberán recibir con todos los honores y agasajos propios de la idiosincrasia española como se merecen. Después de semanas de preparativos y engalanamientos, los americanos pasan de largo en un abrir y cerrar de ojos. Esta paradójica ayuda norteamericana es reflejada magistralmente en esta parodia titulada Bienvenido Mr. Marshall.

No puedo evitar que mi mente evoque en estos días la inolvidable imagen de Elvira Quintillá con su traje de faralaes de lunares y sus llamativas gafas de secretaria (aunque me parece que hacía el papel de maestra) en esas instantáneas inolvidables de la comitiva encargada del recibimiento de los americanos e imagino al pueblo de Alcorcón luciendo sus mejores galas al estilo chulapo y con música de chotis el día de la inauguración del EuroVegas. Lo que me temo muy mucho es que esta vez los americanos no van a pasar de largo, que vienen para quedarse, como hicieron con las bases militares y, si Mr. Marshall pasó de largo (despistado él), Mr. Adelson no pasará sino que viene imponiendo sus costumbres y sus leyes y se nos acoplarán con tal de hacer su agosto y el de nuestros avispados mandamases. Hasta los pelos se me ponen de punta de solo pensarlo.

Y es que en estos precisos momentos España está pasando por una crisis devastadora de un calibre parecido a las secuelas de nuestra inolvidable guerra civil, y para paliar esa debilidad en la que nuestra sociedad anda sumida y de la que nuestros políticos se están aprovechando, no se les ha ocurrido otra cosa que volver a confiar en las “ayudas” de los norteamericanos y como nuestra economía está por los suelos y la gente mendiga la comida, se muere sin remedio por no poder recibir el tratamiento médico pertinente o se suicida porque no puede pagar su hipoteca (males menores mientras ellos puedan seguir enriqueciéndose), qué mejor que traernos a nuestro propio terreno un trocito de su imperio de Las Vegas, que mueve tanto dinero y a lo mejor, quién sabe..., quizás echando unas moneditas en una máquina tragaperras se acaben todos nuestros problemas. ¿Se imaginan a uno de nuestros pobres parados convertido en unos meses en un orondo magnate fumando a todas horas puros habanos? Ah, y no hay cuidado, que esto no fomentará la corrupción; es que más de la que hay creo que ya no es posible.

Cualquier día de estos nos plantan aquí una sucursal de la NASA y España se convierte en base de aterrizaje de naves extraterrestres, ya puestos..., a lo mejor eso sí que levantaba nuestra debilitada economía.




Españoles y españolas, preparémonos, aquí llegan “los hombres de Adelson”.


V. E.

domingo, 3 de febrero de 2013

Soy una niña y tengo pene



“Soy una niña y tengo pene”

-La ciencia de los sexos-


“Hola, me llamo Josie, mi cumpleaños es el 16 de abril, ummm soy... una... niña, y... tengo... pene”. Así comienza el testimonio de un ser humano de unos 8 años de edad en un vídeo que algunas personas pudimos seguir hace ya cierto tiempo en el programa La noche temática titulado “La ciencia de los sexos”.

Si no recuerdo mal, este vídeo, además del testimonio de Josie, se componía de varios apartados o testimonios más, entre ellos uno sobre los llamados hijra, también el caso de un “hombre” que en el ejército descubre que tenía genitales internos femeninos y la experiencia del doctor Tiger Howard Devore. “La ciencia de los sexos” y otro vídeo titulado “Mi aventura intersexual” componían el programa correspondiente a una de tantas noches temáticas. Y el tema en sí valía la pena seguirlo, pienso, por lo desconocido y porque, como tal, se presta a que seres humanos que existen en la realidad, sean discriminados totalmente en el conjunto de la sociedad formando parte de una minoría invisible. Ellos, los hermafroditas o intersexuales o los transexuales, sí que son invisibles. No obstante hay culturas minoritarias en las que, como los hijra de la India y Pakistán, los mahu de Hawai, los fa' afafine de Samoa y otras semejantes, ocupan un lugar aparte en la sociedad, como una especie de “élite” a la que pertenecen individuos que son distinguidos por cierto tipo de caracteres que los hacen diferentes al resto de la población y viven reunidos como en gettos o comunas donde desarrollan su propio estilo de vida.

Estos individuos pertenecerían a un tercer género, visto según el tipo de sociedad cultural en la que estén integrados o, por el contrario, no integrados, y su diferencia básica de las demás personas vendría dada por una peculiaridad de su organismo que los excluye de la pertenencia en exclusiva tanto al sexo masculino como al femenino, cuando, en realidad, su cuerpo participa de los dos, es decir, que tiene caracteres primarios de los dos sexos binarios que normalmente consideramos y en los que nos basamos para marcar una diferencia de género, o también puede ocurrir que tengan una anatomía sexual definida pero que mentalmente se autoconsideren como de otro sexo.

Antes de continuar quisiera aclarar estas diferencias. Hay hombres o mujeres cuyos caracteres básicos sexuales los sitúan en un género opuesto al que ellos o ellas se consideran identificados, como pueden ser los transexuales, y éste, si no lo he entendido mal, parece ser el caso de Josie, cuyos genitales son de macho de la especie humana pero la zona de su cerebro donde radica la identificación sexual le indica que es hembra. Así Josie, lucha por lograr ser reconocida como una niña, tal y como ella se siente plenamente. También existen los que llegan a identificarse con los dos géneros o con ninguno, como los travestis, drag, genderqeer, géneros fluidos, etc. Cualquiera de estas tipologías tiene su razón de ser y ocupa un lugar en el mundo por lo que los individuos pertenecientes a alguna de ellas son acreedores a los derechos humanos de cualquier persona.

Pero quería distinguir además el caso de los intersexuales, también llamados hermafroditas, como Phoebe Hart (Mi aventura intersexual), esas personas que nacen con genitales conformados por caracteres no definidos de los dos sexos que conocemos como normales y que difícilmente encuentran un lugar en las sociedades occidentales. Difícil y controvertida se presenta la vida para uno de estos seres humanos que nacen con este tipo de genitales, empezando por la preocupación de sus padres, el rechazo consiguiente, la clasificación dentro de lo irregular, patológico o monstruoso, que a muchos de ellos los ha llevado a una castración física y tratamiento hormonal invasivo en el intento de corregir a la naturaleza y hacer de este ser una persona de sexo masculino o femenino según la conveniencia o criterios de no se sabe muy bien quién, en el intento de adaptarlos a uno de los dos géneros reconocidos de manera oficial y procurando “normalizar” su vida, teniendo que padecer un sufrimiento psicológico desde muy pequeños al no encontrar su sitio en los jardines de infancia o en la escuela, creciendo en un mundo irreal para ellos, convirtiéndose en adolescentes de lo más conflictivos y viéndose forzados a realizar un trabajo enorme de adaptación a los roles de uno de los dos géneros considerados normales.

Estas personas “diferentes” normalmente ocultan su naturaleza sexual camuflándose entre la masa homogénea de hombres y mujeres. A menudo puede ser que nos crucemos con alguna de ellas y lo normal es que no nos demos cuenta, no apercibamos su diferencia y sin embargo, según estudios llevados a cabo, su prevalencia en la sociedad viene a ser aproximadamente como de un uno por 250, lo que vendría a equivaler a la tasa de personas pelirrojas auténticas que hay en el mundo.

Hasta hace pocos años, cuando nacía una criatura de estas características, lo procedente era, mediante cirugía, ayudarla a “normalizarse” dentro de los caracteres propios de uno u otro sexo. Pero, desde hace poco, estudios realizados por algunos médicos o psicólogos, entre los que se encuentra el doctor Tiger Howard Devore, psicólogo especializado en terapia sexual, que ha dedicado su trabajo, estudios y vida a comprender y ayudar a personas que nacieron sin un sexo definido, como le ocurrió a él mismo, proponen que esas peculiares características no obedecen a ninguna anomalía y podríamos estar impidiendo el normal desarrollo de individuos pertenecientes a un tercer sexo.

Es por ello que cada vez más hay seguidores que apoyan esta teoría por lo que lo pertinente sería el reconocimiento de estas personas, poseedoras de dos tipos de genitalidad en un mismo cuerpo o una genitalidad de doble faz o ambigua, simplemente diferente a la mayoría, como pertenecientes a un tercer género, puesto que como individuos, no reúnen las características adecuadas al masculino o al femenino, sino que, participando de ambos, conforman una tercera modalidad que debería estar reconocida y que trastocaría el convencional funcionamiento de tantas y tantas cosas con la consiguiente necesidad de reforma y adaptación. No obstante, el doctor Devore opina que no hay dos ni tres sino una variedad de posibles sexos diferenciados en la especie humana y mi opinión particular, después de ponerme al día con el tema, es la de que cualquier persona tiene total derecho a la elección de un rol sexual en la vida.

A personas como Phoebe y su hermana -nacieron con el SIA (síndrome de intolerancia a los andróginos)-, su propia naturaleza añadida a las circunstancias que rodearon su infancia y a su aspecto físico las convirtieron en personas del género femenino, su rol sexual es el de mujeres, pero a lo largo de su vida han tenido que librar una gran batalla para encontrar su lugar en el mundo y llegar a sentirse bien con ellas mismas. En su aventura intersexual Phoebe conoce a varias personas intersexuales y unas de ellas han adquirido el rol masculino, con un aspecto más cercano al del hombre, mientras que otras tienen un aspecto más afín al de una mujer, por mucho que en su infancia no hubiera sido así. Pero también hubieran podido elegir desempeñar un rol diferente, más justo y próximo a su naturaleza si no fuera porque nuestra idea generalizada acerca de la diferenciación sexual de las personas las sitúa dentro de una clasificación binaria.

Se prestaría, por tanto, esta circunstancia que comienza a abrir paso en la sociedad a personas que hasta ahora eran consideradas como anormales o que se veían obligadas a ocultar su verdadera naturaleza por no encontrar su sitio en el mundo y adaptarse a un rol de género que sería ficticio, impuesto o simplemente antinatural, a ser tenida en cuenta y a propiciar su integración, evitando cualquier tipo de discriminación, por lo que, a mi modo de ver, volviendo al tema del lenguaje, pienso que lo correcto sería descartar la dualidad genérica y considero éste un motivo más para proponer la neutralidad de las palabras que hacen referencia a la diferenciación de géneros.

V. E.

Como creo que esos dos vídeos de los que he hablado son realmente interesantes y vale la pena chequearlos de principio a fin, aunque hay que tener en cuenta su duración, de alrededor de los 60 min. cada uno de ellos, para tomarlo con tiempo, los emplazo aquí para que los tengáis a mano cuando les podáis dedicar algo del vuestro. Mención especial me merece el realizado por la misma Phoebe, el dedicado a su "aventura intersexual", una emocionante aventura y un ejemplo de humanidad. Un corto que muestra un largo camino hasta la aceptación plena de unas vidas, todavía cortas, a las que les espera una larga vida por vivir.





viernes, 1 de febrero de 2013

El arca de Noé de las palabras



El arca de Noé de las palabras


Hoy me nace escribir en serio. Por esta vez abandono mi tono jocoso acostumbrado y en su lugar quiero mostrar la seriedad de un tema que realmente me preocupa y al que creo que no se le está dando el enfoque adecuado o quizás se le esté viendo desde puntos de vista tan concretos que hacen que resulte una visión muy parcial del mismo, obviando esas otras caras que se mantienen ocultas o simplemente son tratadas dentro de otras problemáticas, lo cual hace que, en esto del lenguaje, se pierda una visión más global y completa a mi modo de entender, dejando el problema irresuelto.

En mi preocupación por cómo utilizar, en mi día a día, el lenguaje para que no resulte sexista no estando como no lo estoy de acuerdo con ciertas propuestas que pululan por ahí y que parecen ser las hechas por los grupos más progresistas y que, por ende, defienden a ultranza los derechos igualitarios, me vienen a la cabeza no pocas dudas, conjeturas, pros y contras acerca de ésta problemática.

Yo, he de decirlo, no estoy tan segura de que haciendo una distinción en cuanto al género de las palabras, más concretamente en relación a las profesiones, oficios, cualidades y demás características que hagan referencia a hombres o a mujeres y su lugar en la sociedad, estemos ayudando a crear un mundo menos sexista, más igualitario y más justo ni que se consiga con ello hacer visibles a mujeres invisibles o que viven en una marcada inferioridad de condiciones.

Como ya vengo proponiendo en algunos de mis posts, no convencida del efecto positivo del uso en femenino de ciertas palabras, optaría por lo que me parece más justo y es la creación de un lenguaje que incluya sin diferenciación tanto a hombres como a mujeres, un vocabulario neutro, innovado, que evite contener términos que hagan referencia al masculino en profesiones, tal y como estamos acostumbrados a oír y decir desde hace ya mucho tiempo. No me parece que lo adecuado sea “sacar la costilla” de esas palabras y convertirlas en su “pareja” en femenino como si fuésemos a salvar a la humanidad metiendo en una hipotética “arca de Noé” a parejas de médico y médica, abogado y abogada, bombero y bombera, alcalde y alcaldesa, presidente y presidenta, maestro y maestra, juez y jueza, etc.

Y es que todo esto me suscita un gran dilema. Si las mujeres hemos sido y todavía lo somos en alguna medida o en gran medida en algunos ambientes, sociedades o culturas, las grandes perjudicadas en relación a los hombres ¿no ocurre igual con los negros, los homosexuales, los intersexuales (sobre los que se está proponiendo que sean considerados como un tercer sexo, lo cual complicaría todavía más esta diferenciación del género de las palabras y los relevaría aún más a una posición de total y absoluta discriminación) y todos esos colectivos de la sociedad que por el motivo que sea están discriminados?.

Me pregunto cómo resultaría visto por ciertos sectores o entidades que se empezara a crear una diferenciación de raza en el lenguaje para “hacer visibles” a las personas de color negro en la sociedad. Pongamos por ejemplo el caso de un abogado que es de piel negra; estaría muy mal visto que dijésemos de él tanto el abogado negrata como el abogado negrito, y sin embargo, no querríamos que pasara desapercibido en un mundo de blancos. Entonces deberíamos buscar un término x que lo distinguiera sin discriminar. Habría entonces una palabra para designar a los hombres blancos que se dedican a la abogacía, otra para designar a las mujeres blancas que se dedican a la abogacía, otra para designar a los hombres negros que se dedican a la abogacía, otra para designar a las mujeres negras que se dedican a la abogacía y así sucesivamente, hasta poder incluir religión, ideología y demás diferenciaciones.

¿No sería más justo no hacerlas?, ¿no sería más justo no otorgarle importancia ni al género ni al color de piel de una persona que disfruta del derecho a ejercer su profesión o, sencillamente, a ser persona y a vivir como tal en un mundo plural en el que todos los seres humanos por el hecho de serlo tengan cabida y tengan derecho a ser considerados y a ser tratados por igual?

¿Por qué hacer visibles a las mujeres?, ¿por qué hacer visibles a las personas negras?, ¿por qué hacer visibles a los gays? ¿No es más justo que todos tengamos el mismo peso específico en la sociedad? ¿no sería lo ideal conseguir que nadie, por razón de sexo, raza, inclinación sexual, religión, etc. tuviera necesidad de “hacerse visible” sino que cada cual fuera visible en el lugar que ocupe por el hecho de ser individuo dentro de una sociedad?

Me cabe aquí también hablar sobre la discriminación positiva... Para mí cualquier tipo de discriminación es discriminación, sea positiva o sea negativa, y de entrada la rechazo. Las compensaciones a destiempo no me valen y las actitudes machistas enmascaradas tampoco. Que un hombre me abra la puerta y me deje pasar primero me está dando a entender que no soy capaz de abrirme la puerta yo sola. Que me acerque la silla para sentarme a comer me está dando a entender que yo no sé hacerlo. Y que me den alguna ventaja en un competición por el hecho de ser mujer me está queriendo decir que soy de alguna manera inferior a los hombres. En cambio, tener un detalle de ese tipo con una mujer cuando se admite que sea recíproco o que esa reciprocidad sea aceptada a un nivel social, sí que es algo deseable por mi parte. Ofrecer ventajas (en apariencia) en términos políticos a las mujeres a cambio de antiguas discriminaciones, me parece fuera de lugar. En vez de discriminación positiva ¿por qué no llamar a las cosas por sus nombre y reconocer que las mujeres tienen derecho a optar por cualquier puesto en la sociedad en justicia y no porque un gobierno se las dé de generoso ofreciendo discriminación positiva?

Otra cosa sería que alguien, hombre o mujer, me sostuviera la puerta si es que voy cargada, o me acercara la silla si es que llevo un brazo escayolado. Y otra también muy diferente es crear ventajas u ofrecer ayudas a personas discapacitadas, que padecen algún tipo de deficiencia que las coloca realmente en una posición de inferioridad en relación al resto. En estos casos sí que se tercia crear sistemas de ayuda para facilitarles la integración social y el apoyo para que puedan funcionar al mismo nivel que las personas que tienen la ventaja de funcionar al máximo de sus facultades. Considero oportuno en estos casos, por ejemplo, el uso del alfabeto braille, el lenguaje por signos para sordomudos, etc., pero no la utilización de palabras que diferencien a estas personas en el ejercicio de su profesión.

Por tanto, mi conclusión es la siguiente: ¿Cambios en el lenguaje? Sí. ¿Inclusión de todos los seres humanos en cualquier ámbito de la vida sin excepciones? Sí. ¿Tendencia al empleo en el idioma de palabras que sean incluyentes y no excluyentes? Sí. ¿Diferenciación de géneros en el lenguaje? No.

V. E.