Ada Colau versus
Sánchez Dragó
Vergüenza
ajena, rabia, dolor profundo y una extraña sensación de no
pertenencia al mundo, a nuestro planeta tierra, una sensación de
plantearme ¿pero qué es la humanidad?, rara e indescriptible, me
produce cada vez que veo por televisión imágenes de desahucios de
viviendas, con una violencia extrema por parte de las fuerzas del
orden tratando como criminales, peor incluso, porque ni los
criminales merecen ese trato, a personas cuyo único delito cometido
ha sido fiarse de instituciones que nos pintan como de gran ayuda
para el desenvolvimiento normal de nuestro día a día, cuando en
realidad son instituciones impuestas, y no por la necesidad de tener
a buen cobijo nuestro dinero sino porque hoy día, si no es que
vivimos en una isla desierta y perdida en medio del océano, como un
Robinson Crusoe cualquiera, estamos obligados, porque así nos lo
impone nuestra adaptada vida social, porque así nos lo demanda
cualquier empresa que nos suministre un servicio, a tener abierta una
cuenta en un banco.
Tal vez
el papel de los bancos cuando empezaron a surgir era el de proteger
nuestro dinero, pero, si bien poco a poco fue convirtiéndose en
negocio, al fin ha llegado a ser una forma de crimen organizado, una
mafia extorsionadora de ciudadanos de a pie, con el beneplácito y
absoluto consentimiento de las autoridades gubernamentales.
La
señora Ada Colau, portavoz de la PAH (plataforma de afectados por la
hipoteca) ha creado un gran revuelo y escándalo y ha sido conminada
a retractarse de sus palabras porque se ha atrevido a llamar a las
cosas por su nombre, y es que, si alguien comete un crimen, resulta
que es un criminal.
No me
había fijado antes en esta mujer hasta que no ha surgido como
noticia su atrevimiento en el Congreso y los medios nos han
bombardeado con su imagen temblorosa, indignada, emocionada,
conteniendo la rabia y alegando que si se había reprimido y no había
lanzado su zapato era porque le parecía mucho más importante poder
decir lo que tenía que decir.
Me
parece que Ada hizo bien en lo de contenerse con su zapato, tal vez
yo no habría sido capaz, y es que, gracias a ese esfuerzo de dominio
de sí, hemos podido escucharla y creo que era y es tan importante lo
que tenía que decir... Es tan importante que tomemos conciencia de
lo que está sucediendo en nuestro país... Es tan importante que
haya personas que se atrevan a llamar a las cosas por su nombre...
Cuando
veo ciertas imágenes por televisión no puedo evitar sentir recordar
otras muy parecidas de tiempos pasados de dictadura y no puedo evitar
darme cuenta de la total, pura y dura represión que se está
ejerciendo sobre las personas, sobre la ciudadanía. Como si fueran
secuencias de una película de Ciencia Ficción de temática
distópica, así me llegan las imágenes televisivas que nos muestran
a las fuerzas del orden desalojando de sus viviendas a pobre gente
desesperada que se aferra a sus escasos metros de protección entre
cuatro paredes, que les están desprendiendo, como si les arrancaran
las uñas, de un derecho básico de la persona, con una violencia que
raya en el ensañamiento, ya sean ancianos o niños, no importa, e
igualmente esas otras en las que los ciudadanos o ciudadanas, de
cualquier edad, incluso niños o niñas o adolescentes que pasaban
por allí a la salida de clase, que coincidían en algún punto de la
calle con algún tipo de manifestación, probaban en sus cuerpos la
violencia gratuita ejercida con el ánimo, para mí no es otro, de la
represión, para mí no es otro que el de crear miedo, el de
amedrentar a la gente para que no luche por lo que es suyo, para
conseguir evitar que la sociedad escuche, porque, tal y como están
los tiempos, es mejor mantener los oídos de la gente sordos y los
ojos ciegos.
No
puedo evitar pensar, cuando veo ese tipo de imágenes que nos
muestran a gente inocente herida, conmocionada, sangrando, siendo
recogida por ambulancias, recibiendo palizas, golpes, empujones, y no
precisamente gente joven y fuerte capaz de plantar cara sino, qué
casualidad, los más débiles, los que no han sido capaces de correr
y huir a tiempo, que esas aparentes fuerzas del orden no son más que
mercenarios pagados para disolver manifestaciones que resultan
sumamente incómodas para gobernar a capricho, hombres sedientos de
violencia, entrenados para tal fin.
Hay
cosas que no me entran en la cabeza... Hay cosas que me dicen que lo
que estamos viendo no es lo que aparenta. Hay cosas que me indican
que el gobierno actual, el del PP de Mariano Rajoy es un gobierno que
ejerce la represión, es un gobierno al servicio de los más ricos y
poderosos, es un gobierno que oprime al débil y esto, por mucho que
haya sido elegido en las urnas, dista mucho de ser una democracia.
Para
terminar, y se me habrá notado que estas palabras mías de hoy no
contienen pizca de humor ni visos de ironía, vaya mi indignación
contra Fernando Sanchez Dragó que, lo siento por él pero me da la
sensación de que está chocheando. Es cierto que Sanchez Dragó es
un hombre sin etiquetas, y eso me gusta, pero es que a estas alturas
está tan desprovisto de cualquier tipo de etiqueta que ya no lleva
ni la de la talla ni la de instrucciones de lavado; en definitva,
Sanchez Dragó es tan ambiguo que me parece que se acerca en cada
momento a la estufa que más calienta.
A
Fernando yo le seguía en otros tiempos cuando veía en él un hombre
culto y representante de la cultura, cuando me parecía que tenía
mucho que enseñar y yo mucho que aprender de él, cuando nos
presentaba, en aquellos programas de la 2, libros o temas
interesantísimos capaces de abrir nuestra mente retrógrada y
confusa de aquellos años, cuando nos proponía todas aquellas formas
de vida diferentes, aquella visión sobre las cosas que nos abría
horizontes mucho más allá de nuestras fronteras de pensamiento,
hasta que comencé a intuir su fraude, hasta que comencé a darme
cuenta de su machismo enmascarado (o descarado), hasta que acabó
abandonado esas filas en las que otrora luchara por defender ciertos
derechos para manifestar abiertamente que daba su voto al PP.
Ahora
no puedo menos que confirmar que Sanchez Dragó se ha salido de madre
cuando, en el programa de Tele 5 El Gran Debate, se ha dirigido a Ada
Colau, a la que ha llamado Ana, no por una equivocación al hablar,
algo que nos puede pasar a cualquiera, sino porque parecía no
haberse informado del nombre de la persona cuya actuación iba a
criticar, para advertirle, en plan tutorial, que debería llevar
cuidado con su lenguaje porque era proferir un insulto eso de llamar
“criminal” a alguien y más cuando nada parecía indicar que los
dirigentes de banca fueran criminales y, en fin, con una pasmosa
postura conformista-capitalista, ha intentado tirar por tierra la
brillante y valiente actuación de Ada, defendiendo los intereses
tanto de gobierno como de banca en un discurso que yo pienso que ni
él mismo se creía.
Y es
que a mí, la sensación que me da ese hombre que se cree estar por
encima de todo y de todos, que aparenta estar de vuelta e inundado
por la paz de quien no se deja inmutar por nadie ni por nada, cuando
lo único que hace es salir al encuentro de quien sea con su punta de
flecha apuntándole, es la de disfrutar de la provocación directa
hacia quien, como Ada, es vehemente y se toma la vida en serio y es
capaz de partirse el pecho por defender aquello en lo que cree.
Claro, es la ventaja de quien, a estas alturas de la vida, ya no cree
en nada y se puede permitir jugar con las creencias de los demás y
lo que es peor, con los derechos de quienes sufren la injusticia.
A mi
modo de ver, Dragó, lo mismo podía haber estado sentado a la
derecha que a la izquierda de Ada, lo mismo podía haber expuesto una
opinión a favor que en contra de Ada; a él todo eso le trae sin
cuidado, lo único que pretende es provocar, y si el interfecto o la
interfecta se presta a ello, ya ha encontrado su campo de acción
ideal. A Dragó le gustan las emociones fuertes y bajo esa apariencia
de dominio absoluto de sí disfruta como un niño jodiendo a quien le
toque en la ocasión.
Pero
espero que no me hayan malinterpretado cuando dije eso de la “estufa
que más calienta”, no es que el pobrecito tenga frío, que va, es
que lo que busca es quemarse.
¿Acaso
Fernando se despistó y no sabía que Ada era Ada y no Ana?... Yo
creo que lo sabía perfectamente..., pero así, de entrada, ya tenía
un as en su manga para juguetear con los nervios de la chica e
intentar que se descentrara. Pero no lo consiguió, creo que Ada sabe
lo que se hace, sabe lo que defiende y obra en conciencia, algo que
me parece que Sanchez Dragó dejó abandonado hace tiempo en alguno
de sus viajes por todo lo ancho y largo de este mundo.
V.
E.


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