Otro campo de visión de la Visionaria Enmascarada

domingo, 10 de febrero de 2013

Ada Coalu versus Sanchez Dragó



Ada Colau versus Sánchez Dragó



Vergüenza ajena, rabia, dolor profundo y una extraña sensación de no pertenencia al mundo, a nuestro planeta tierra, una sensación de plantearme ¿pero qué es la humanidad?, rara e indescriptible, me produce cada vez que veo por televisión imágenes de desahucios de viviendas, con una violencia extrema por parte de las fuerzas del orden tratando como criminales, peor incluso, porque ni los criminales merecen ese trato, a personas cuyo único delito cometido ha sido fiarse de instituciones que nos pintan como de gran ayuda para el desenvolvimiento normal de nuestro día a día, cuando en realidad son instituciones impuestas, y no por la necesidad de tener a buen cobijo nuestro dinero sino porque hoy día, si no es que vivimos en una isla desierta y perdida en medio del océano, como un Robinson Crusoe cualquiera, estamos obligados, porque así nos lo impone nuestra adaptada vida social, porque así nos lo demanda cualquier empresa que nos suministre un servicio, a tener abierta una cuenta en un banco.

Tal vez el papel de los bancos cuando empezaron a surgir era el de proteger nuestro dinero, pero, si bien poco a poco fue convirtiéndose en negocio, al fin ha llegado a ser una forma de crimen organizado, una mafia extorsionadora de ciudadanos de a pie, con el beneplácito y absoluto consentimiento de las autoridades gubernamentales.



La señora Ada Colau, portavoz de la PAH (plataforma de afectados por la hipoteca) ha creado un gran revuelo y escándalo y ha sido conminada a retractarse de sus palabras porque se ha atrevido a llamar a las cosas por su nombre, y es que, si alguien comete un crimen, resulta que es un criminal.

No me había fijado antes en esta mujer hasta que no ha surgido como noticia su atrevimiento en el Congreso y los medios nos han bombardeado con su imagen temblorosa, indignada, emocionada, conteniendo la rabia y alegando que si se había reprimido y no había lanzado su zapato era porque le parecía mucho más importante poder decir lo que tenía que decir.

Me parece que Ada hizo bien en lo de contenerse con su zapato, tal vez yo no habría sido capaz, y es que, gracias a ese esfuerzo de dominio de sí, hemos podido escucharla y creo que era y es tan importante lo que tenía que decir... Es tan importante que tomemos conciencia de lo que está sucediendo en nuestro país... Es tan importante que haya personas que se atrevan a llamar a las cosas por su nombre...

Cuando veo ciertas imágenes por televisión no puedo evitar sentir recordar otras muy parecidas de tiempos pasados de dictadura y no puedo evitar darme cuenta de la total, pura y dura represión que se está ejerciendo sobre las personas, sobre la ciudadanía. Como si fueran secuencias de una película de Ciencia Ficción de temática distópica, así me llegan las imágenes televisivas que nos muestran a las fuerzas del orden desalojando de sus viviendas a pobre gente desesperada que se aferra a sus escasos metros de protección entre cuatro paredes, que les están desprendiendo, como si les arrancaran las uñas, de un derecho básico de la persona, con una violencia que raya en el ensañamiento, ya sean ancianos o niños, no importa, e igualmente esas otras en las que los ciudadanos o ciudadanas, de cualquier edad, incluso niños o niñas o adolescentes que pasaban por allí a la salida de clase, que coincidían en algún punto de la calle con algún tipo de manifestación, probaban en sus cuerpos la violencia gratuita ejercida con el ánimo, para mí no es otro, de la represión, para mí no es otro que el de crear miedo, el de amedrentar a la gente para que no luche por lo que es suyo, para conseguir evitar que la sociedad escuche, porque, tal y como están los tiempos, es mejor mantener los oídos de la gente sordos y los ojos ciegos.

No puedo evitar pensar, cuando veo ese tipo de imágenes que nos muestran a gente inocente herida, conmocionada, sangrando, siendo recogida por ambulancias, recibiendo palizas, golpes, empujones, y no precisamente gente joven y fuerte capaz de plantar cara sino, qué casualidad, los más débiles, los que no han sido capaces de correr y huir a tiempo, que esas aparentes fuerzas del orden no son más que mercenarios pagados para disolver manifestaciones que resultan sumamente incómodas para gobernar a capricho, hombres sedientos de violencia, entrenados para tal fin.

Hay cosas que no me entran en la cabeza... Hay cosas que me dicen que lo que estamos viendo no es lo que aparenta. Hay cosas que me indican que el gobierno actual, el del PP de Mariano Rajoy es un gobierno que ejerce la represión, es un gobierno al servicio de los más ricos y poderosos, es un gobierno que oprime al débil y esto, por mucho que haya sido elegido en las urnas, dista mucho de ser una democracia.



Para terminar, y se me habrá notado que estas palabras mías de hoy no contienen pizca de humor ni visos de ironía, vaya mi indignación contra Fernando Sanchez Dragó que, lo siento por él pero me da la sensación de que está chocheando. Es cierto que Sanchez Dragó es un hombre sin etiquetas, y eso me gusta, pero es que a estas alturas está tan desprovisto de cualquier tipo de etiqueta que ya no lleva ni la de la talla ni la de instrucciones de lavado; en definitva, Sanchez Dragó es tan ambiguo que me parece que se acerca en cada momento a la estufa que más calienta.

A Fernando yo le seguía en otros tiempos cuando veía en él un hombre culto y representante de la cultura, cuando me parecía que tenía mucho que enseñar y yo mucho que aprender de él, cuando nos presentaba, en aquellos programas de la 2, libros o temas interesantísimos capaces de abrir nuestra mente retrógrada y confusa de aquellos años, cuando nos proponía todas aquellas formas de vida diferentes, aquella visión sobre las cosas que nos abría horizontes mucho más allá de nuestras fronteras de pensamiento, hasta que comencé a intuir su fraude, hasta que comencé a darme cuenta de su machismo enmascarado (o descarado), hasta que acabó abandonado esas filas en las que otrora luchara por defender ciertos derechos para manifestar abiertamente que daba su voto al PP.

Ahora no puedo menos que confirmar que Sanchez Dragó se ha salido de madre cuando, en el programa de Tele 5 El Gran Debate, se ha dirigido a Ada Colau, a la que ha llamado Ana, no por una equivocación al hablar, algo que nos puede pasar a cualquiera, sino porque parecía no haberse informado del nombre de la persona cuya actuación iba a criticar, para advertirle, en plan tutorial, que debería llevar cuidado con su lenguaje porque era proferir un insulto eso de llamar “criminal” a alguien y más cuando nada parecía indicar que los dirigentes de banca fueran criminales y, en fin, con una pasmosa postura conformista-capitalista, ha intentado tirar por tierra la brillante y valiente actuación de Ada, defendiendo los intereses tanto de gobierno como de banca en un discurso que yo pienso que ni él mismo se creía.

Y es que a mí, la sensación que me da ese hombre que se cree estar por encima de todo y de todos, que aparenta estar de vuelta e inundado por la paz de quien no se deja inmutar por nadie ni por nada, cuando lo único que hace es salir al encuentro de quien sea con su punta de flecha apuntándole, es la de disfrutar de la provocación directa hacia quien, como Ada, es vehemente y se toma la vida en serio y es capaz de partirse el pecho por defender aquello en lo que cree. Claro, es la ventaja de quien, a estas alturas de la vida, ya no cree en nada y se puede permitir jugar con las creencias de los demás y lo que es peor, con los derechos de quienes sufren la injusticia.

A mi modo de ver, Dragó, lo mismo podía haber estado sentado a la derecha que a la izquierda de Ada, lo mismo podía haber expuesto una opinión a favor que en contra de Ada; a él todo eso le trae sin cuidado, lo único que pretende es provocar, y si el interfecto o la interfecta se presta a ello, ya ha encontrado su campo de acción ideal. A Dragó le gustan las emociones fuertes y bajo esa apariencia de dominio absoluto de sí disfruta como un niño jodiendo a quien le toque en la ocasión.

Pero espero que no me hayan malinterpretado cuando dije eso de la “estufa que más calienta”, no es que el pobrecito tenga frío, que va, es que lo que busca es quemarse.

¿Acaso Fernando se despistó y no sabía que Ada era Ada y no Ana?... Yo creo que lo sabía perfectamente..., pero así, de entrada, ya tenía un as en su manga para juguetear con los nervios de la chica e intentar que se descentrara. Pero no lo consiguió, creo que Ada sabe lo que se hace, sabe lo que defiende y obra en conciencia, algo que me parece que Sanchez Dragó dejó abandonado hace tiempo en alguno de sus viajes por todo lo ancho y largo de este mundo.


V. E.


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