Doy comienzo con este
post a una serie sobre la psicopatía en el cine. Me parece que cada
vez más hay gente interesada en el tema de los sociópatas porque el
contacto con ellos es algo que ya está asumido que pertenece, en mayor o menor grado,
al devenir de la vida diaria. El cine, como cualquier manifestación
artística o literaria, se hace eco de esas experiencias y nos
muestra ejemplos de situaciones que muy bien pueden darse en la
realidad. No olvidemos que, en la mayoría de los casos, la realidad
supera a la ficción.
-El Cabo del Miedo,
Fracture y Oxygen-
Este comentario, que
plasma, con una mirada penetrante y escudriñadora, un análisis de
tres largometrajes de cine, y cuyo contenido, basado en la
psicopatía, a continuación transcribo, está escrito por alguien
que tuvo en un momento dado de su vida relación con una persona
psicópata:
Tres films que he visionado últimamente han captado mi atención
nada más comenzar la película debido a mi rápida identificación
del personaje como psicópata. No sé si estaré empezando a
obsesionarme y a ver psicópatas por todas partes pero lo cierto es
que, una vez avanzada la trama de dichas películas, se hacía
patente que el guión giraba alrededor de la persona de un psicópata.
Bueno, la primera de ellas es El Cabo del Miedo, de sobra
conocida, sobre cuyo protagonista no hay que hacerse mayores
planteamientos puesto que es de todos conocido como ejemplo de
psicópata. Esta película ya la había visto hacía años, cuando yo
todavía era “virgen” en cuanto a mi conocimiento sobre este tipo
de trastorno de la personalidad, cuando yo creía que estos
personajes casi que existían solo en la ficción o quizás había
algún que otro asesino múltiple en la realidad pero ateniendo
estadísticamente a casos extraordinarios muy llamativos y que
trascendieron como personajes públicos a través de la prensa
sensacionalista especializada en crímenes. Pero, claro, es que por
lo general al psicópata le encanta ser grandilocuente, crear mucha
expectación en torno a su persona y ser incluso admirado por sus
fechorías; son como artistas del mal y su inteligencia, que
suelen tener en grado sumo, la emplean en maquinar acciones malvadas,
en las que intervengan otras personas que harían el papel de
víctimas, y que para ellos son considerados objetos con los que
jugar, pero que, dada la complejidad del ser humano, son objetos muy
gratificantes puesto que, más allá de obtener el placer que les
proporcionan las acciones cruentas, con derramamiento de sangre,
destripe, desmembraciones y otras truculencias aplicables al cuerpo
humano o al de los animalitos, con los que suelen empezar practicando
el ensañamiento a edades tempranas, el ser humano les ofrece también
la posibilidad de jugar con sus sentimientos y emociones, con su
inteligencia, con sus cualidades cognitivas o de expresividad, mucho
más compleja que la mayoría de los animales y esto pienso que es un
gran aliciente para el maquiavelismo implícito que conlleva
cualquier acción emprendida por el psicópata.
EL
Cabo del Miedo, protagonizada
magistralmente por Robert de Niro, he vuelto a verla recientemente así
como la versión antigua de la que fue remake, protagonizada por
Robert Mitchum, vista por primera vez muchos más años atrás y de
la que no tenía recuerdos apenas, y en este último visionado de
ambas he tenido oportunidad de “saborear” en el personaje de Max
Cady los rasgos del auténtico psicópata. Más adelante desgranaré
algunos detalles, ahora continúo con los otros dos films a los que
hacía referencia.
Uno
de ellos es Fracture,
una película que muestra un guión quizás un tanto rebuscado, pero
es que, en realidad, la mente de cualquier psicópata es rebuscada,
compleja, grandilocuente, espectacular..., no se conforma con medias
tintas, no se pone límites, lo que su imaginación concibe es capaz
de ponerlo en práctica puesto que no tiene la censura de su
conciencia; lo que para algunos no deja de ser una fantasía
perteneciente única y exclusivamente a su mundo imaginario, como
pueda ser la mente de cualquier escritor, para el psicópata puede
pasar y pasa a formar parte de su vida real, la cual, sin este tipo
de fechorías o actuaciones asociales, no tendría mucho sentido.
Si se me permite la comparación, creo que es como esas personas que
disfrutan gastando bromas a sus semejantes, que lo que se les ocurre
lo ponen en práctica, que son ingeniosos y lo demuestran de esa
manera, lo cual no deja de ser una broma aunque en ocasiones se
convierta en una broma pesada
y
maldita la gracia que le hace a la persona que es objeto de tal
acción.
No
quiero desvelar nada de la trama de Fracture, pues es
realmente una película de suspense, que mantiene la atención del
espectador durante todo el film y no me gustaría tirar por tierra
esa cualidad, pero sí que me voy a atrever a decir que para mí la
actuación del personaje que encarna al protagonista, un criminal en
quien, desde el comienzo de la película podemos distinguir los
rasgos de un auténtico psicópata, es como la puesta en práctica de
una broma pesada, como un divertimento que se le ha ocurrido para
burlarse de sus semejantes y de esta manera, de paso, llevar a cabo
una venganza, aunque quizás, quién sabe, pueda ser al contrario,
puede que el objetivo principal sea la puesta en práctica de una
venganza y de paso convertirla en algo que le divierta por el camino,
y si para ello consigue tener espectadores, mejor que mejor.
A tenor
de esto, diría que creo que para un psicópata es importante la
venganza, aunque ésta siempre, a los ojos de cualquier persona
normal, implica un tremendo desfase entre la “ofensa” y su
“castigo”. Al psicópata se le puede ofender con muy poco, o
incluso puede que él o ella nos haga creer que le hemos ofendido y
que somos despreciables y hacernos dudar de nuestro sentido moral
cuando bien sabemos que no hemos obrado mal o que no hemos pretendido
ofender, pero ellos son capaces de pisotear nuestra autoestima
convenciéndonos de que somos de lo peor.
De esta
manera, en boca de ellos, siempre escucharemos como algo normal,
justo y equilibrado sus, a nuestros ojos y razón, tremendas y
crueles venganzas, mientras que nuestra actuación para ellos merece
el mayor de los castigos porque somos (nos quieren hacer creer) unos
depravados.
De esta
manera, una venganza -creo que en el fondo la venganza,
independientemente de su cualidad amoral, es un sentimiento muy
humano, como lo puedan ser los celos, aunque traspasado cierto límite
se puedan considerar patológicos- se convierte en el pretexto idóneo
para llevar a la práctica sus maquiavélicos actos psicopáticos.
Es
en este sentido en el que considero la actuación de Ted
Crawford, el psicópata de
Fracture, como de
“broma”, aunque una broma muy pesada, que utiliza para vengarse o
que, con el pretexto de la venganza, le permite ponerla en práctica
explayándose en dar rienda suelta a su maquiavélica imaginación.
Por muy gratuitos o rebuscados
que nos parezcan algunos detalles del guión de Fracture,
si tenemos en cuenta la personalidad del psicópata, podremos darnos
cuenta de que, lo que a nuestros ojos de personas normales nos parece
excesivo o fuera de lugar, para un psicópata es algo normal; ellos
son así, excesivos, rebuscados, no importa que sus actos no tengan
un sentido común, no sean razonables o persigan un fin razonable, lo
importante para ellos es divertirse, sacar placer a costa de sus
iguales, a quienes considera como objetos para su deleite.
De
nuevo en El Cabo del Miedo
se nos presenta la trama basada en una venganza, una venganza
planeada durante los años de encarcelamiento de Max Cady, un
sangriento criminal para el que sus asesinatos y torturas a
jovencitas no alcanzan la gravedad de la ofensa que para él ha
supuesto tener que pagar esos años de reclusión en una prisión al
haber sido hallado culpable de sus crímenes por la justicia.
A la
persona que él considera culpable de haberlo metido entre rejas, con
todo ese tremendo daño que conlleva esa situación de años de
libertad perdida, por mucho que el espectador normal comprenda que se
trata de una consecuencia justa, el psicópata se empeña en hacer
parecer su actuación como algo que merece una venganza llevada hasta
el extremo, haciéndoselo pagar con creces, y ésta es la trama del
magnífico guión que hace que se nos pongan los pelos de punta
mientras el psicópata Max Cady se manifiesta ante los desconocidos y
desprevenidos, y si es una inocente, ingenua y desprotegida
adolescente (un papel muy bien interpretado por una jovencísima
Juliette Lewis), mejor que mejor; como decía, se manifiesta ante
ellos como una buena persona, y en el caso de la niña, como un
profesor que solo quiere ayudarla abriéndole sus adolescentes ojos a
la “realidad” de la vida adulta iniciándola en los placeres que
hasta ese momento le habían sido vedados debido a su corta edad.
De esta
manera, Max Cady enarbola también su particular “broma” o su
tremenda venganza, pretexto que en cualquier caso le proporciona
desfogar sus impulsos psicopáticos, poner en práctica su
maquiavélica crueldad, ejercer, en una palabra, de criminal
psicópata.
Oxygen,
de 1999 (no confundir con otra del mismo título pero de 2010) es la
otra película reciente de la que he disfrutado (ya parece que me
estoy haciendo adicta a los psicópatas) reconociendo la intrincada
personalidad de otro psicópata, Harry Houdini, gran admirador del
famoso mago escapista Houdini, su maestro, de quien ha tomado su
nombre e intenta emular sus hazañas, y aprovecho aquí para comentar
otro rasgo característico del psicópata, su admiración por
personajes famosos tanto de la literatura como de la realidad, cuya
vida y obras muestren algo especial, extraordinario, fuera de lo
común, alguien muy admirado aunque sea por sus crímenes, como los
famosos asesinos en serie. Los psicópatas admiran a estos personajes
llegando a imitar sus actos, pero en el caso de tratarse de
psicópatas integrados en la sociedad, de esos que se automarcan
límites y que no son capaces de llegar a cometer cierto tipo de
crímenes como pueden ser los homicidios, se suelen conformar con
adoptar una especie de doble personalidad basada en el personaje
admirado o simplemente adoptan sus nombres como seudónimos.
En esta
entretenida y, a mi modo de ver, instructiva película, aunque no
tenga la calidad suficiente como obra de cine y que quizás no haya
recibido el reconocimiento debido por la crítica y el público en
general, se nos muestra otra trama psicopática, otra de esas
“bromas” pesadas que el psicópata suele maquinar como un plan
tan capaz de divertirle que no puede eludir la imperiosa necesidad de
llevarlo a cabo con todas sus consecuencias.
El
psicópata, emule a Houdini o no, siempre es un mago, un ilusionista,
es aquella persona que te muestra algo, lo que él o ella quiere que
veamos, pero siempre sus actos encierran otra cosa, algo que queda
oculto, que no somos capaces de ver o imaginar hasta que lo
descubrimos cuando ya es tarde, cuando ya hemos caído en la trampa
que ellos, muy sabiamente, muy concienzudamente, nos han tendido.
Por
otra parte, el psicópata suele tener la virtud de llevar incorporado
como una especie de radar con rayos X, son capaces de captar
cualquier detalle que sin querer les mostramos, penetrar nuestro yo,
meterse en nuestros recovecos más íntimos, en los más oscuros
rincones de nuestra psique y aprovecharse y jugar con lo que allí
descubren para llevar a cabo sus planes con una mayor libertad,
seguridad y convencimiento, utilizando esos descubrimientos como algo
que les resulta muy favorable, sabiendo que aquello de lo que ellos
disfrutan alardeando, de lo que ellos se enorgullecen, para la
persona de su contrincante o víctima, suele ser más bien motivo de
vergüenza, de autodesestima, de fragilidad o de vulnerabilidad.
Nuestro
psicópata de Oxygen,
como buen psicópata que es, es también un gran ilusionista y, como
hiciera en su época su gran admirado ídolo Houdini, se ha
especializado en las técnicas del escapismo, llevando a cabo una
actuación estelar para la que ha trazado un plan maestro mientras,
con sus técnicas ilusorias, ha hecho creer a sus “espectadores”
que el asunto es otro.
Para mí
la película es una genial representación de la actuación de un
mago, con todas sus lides, con todos sus detalles característicos,
con toda su parafernalia, desde su comienzo, en el que, como
cualquier ilusionista, distrae al espectador con “lo que no es”
para asegurarse de que éste (o ésta) van a colaborar siguiéndole
el juego, y como en toda buena actuación de un mago que se precie,
necesitará la colaboración de una bella ayudante y/o de una persona
del público elegida “aparentemente” al azar, personajes ambos
que son utilizados para su fin o propósito y que, en definitiva,
creo que, en el caso del psicópata, como en el del ilusionista, no
es más que una estrategia para encumbrarse, para el ensalzamiento de
su ego, para su reconocimiento y admiración por parte de los otros,
pobres congéneres grises y mediocres que no poseen sus cualidades y
que nunca serán capaces de alcanzar el mismo éxito que ellos al
menos se proponen.
En la
actuación de un psicópata creo que siempre se cumplen una serie de
requisitos o partes de un ritual que en su mayoría son comunes, a
saber:
-Trazado
de un plan.
-Planteamiento
de un cebo para hacer caer a una víctima.
-Entablar
conocimiento con la víctima de manera que todo parezca casual.
-Mostrarle
su faceta atractiva o seductora, haciendo parecer una persona fiable,
incluso amable o simpática, alguien que tiene algo que ofrecer,
aunque después siempre la realidad es todo lo contrario, el
psicópata es alguien que tiene algo que ganar o sacarle a su
víctima.
-El
psicópata siempre nos conducirá, mediante sus trucos bien
estudiados, sus engaños, su cinismo, su hipocresía o sus planes por
la senda que quiera, por mucho que nosotros no aceptemos o no
queramos reconocer que es así.
A veces
nos confían, de manera que creamos que todo está saliendo o va a
salir a nuestro gusto, hasta que nos damos cuenta de que hemos caído
en su trampa, en un laberinto que han fabricado para nosotros del que
no somos capaces de salir. En su juego nos hacen creer que nos van a
ayudar a salir de ese laberinto y no nos queda otra que confiar en
ellos, no hay otra manera posible, pero lo único que hacen es ir
adentrándonos más y más de manera que cada vez vamos sintiendo
mayor angustia y desasosiego, pensando ingenua e inútilmente que se
acerca el momento de que nos lleven a la salida, de manera que, sin
nosotros buscarlo, se ha creado una dependencia; estamos a merced del
psicópata mientras que al mismo tiempo nos creemos necesitados de
él. Sin conocer la auténtica realidad de nuestro “verdugo”,
ponemos a su alcance todo tipo de técnicas para tratar de
convencerlo, desde el ruego o la súplica, pasando por el soborno o
el chantaje, hasta el empleo de amenazas y terminando por una
patética muestra de horror y desesperación que pensamos
erróneamente que será eficaz para ablandar su corazón, cuando,
nada más lejos, el psicópata, muy al contrario, disfrutará más y
más al ver retorcerse a su víctima indefensa y sin posibilidad de
escapar.
En
Oxygen, el personaje
de la inspectora de policía tiene ya una relación patológica con
un psicópata, lo cual la hace no sólo dependiente de éste sino
también vulnerable, es su punto débil, su tendón de Aquiles, el
cual no le resulta difícil de descubrir al falso Houdini, quien lo
utiliza como quien tiene escondido un as en su manga.
Esa
especie de fascinación mutua que normalmente se crea entre víctima
y verdugo psicópata se produce entre la detective Foster y Harry.
Ambos reconocen en el otro a su partenaire ideal. Harry está
convencido de que logrará que ella le siga su juego porque sabe que
ella, en su rutina diaria, en su vida particular, ya lo hace y de
alguna manera es adicta a ello. A su vez ella ha sido capaz de
reconocer en la mirada de Harry una identificación con el psicópata
que ella frecuenta, de manera que no es capaz de renunciar a la
tentación de seguir el juego que le marca el nuevo Houdini.
Esta
debilidad personal de la detective la hace tremendamente vulnerable
en relación a nuestro criminal psicópata; en lugar de pensar fría
e inteligentemente y darse cuenta de lo que puede significar estar
frente a un hombre que es capaz de emular al auténtico Houdini, ella
ha caído total y completamente en su trampa, en la de dejar que
juegue con su psiquismo, en la de dejarse manipular, de manera que él
consigue que ella esté más pendiente de sí misma, de protegerse y
a la vez intentar salirse con sus propósitos como policía, lo cual
la hace gestionar de manera errónea su energía y malgastar sus
fuerzas, debilitadas en la tarea de salvar su propio ego.
También
hay un enfrentamiento de egos en Fracture,
también el psicópata de turno juega con el egocentrismo y la
desmesurada ambición de un joven abogado que trabaja de ayudante del
fiscal.
También,
como en el anterior caso, el psicópata ha tendido una trampa, ha
maquinado un plan y ha encontrado a la persona idónea que le
facilitará seguirlo; en él pretende burlarse de cuanta gente pueda,
manipular a cuantos más mejor, conducirlos por la senda falsa,
llevarlos engañados en la dirección que él quiere y que sabe
perfectamente que no les dará resultado.
Hay
algo que quisiera resaltar, y es que el psicópata siempre va de
sobrado por la vida, siempre va uno o varios pasos por delante; como
en el juego del ajedrez, sabe intuir la siguiente jugada del
contrario y está prevenido, todo lo ha calculado, hasta lo que
parece un error o fallo cometido por él mismo, una muestra de
debilidad, no es más que una mera forma de engañar o manipular a su
adversario. Y ¿a qué se debe esta particularidad? Pues, no solo a
la inteligencia del psicópata, que no cabe duda que por regla
general la tiene, sino también, y quizás esto sea lo más
relevante, a que juega con la ventaja de no tener las cortapisas de
su conciencia; para el psicópata todo está permitido, nada hay que
le restrinja su manera de actuar, creo que incluso poseen la
característica de obtener placer, un placer morboso, incluso de su
propio dolor físico; me parece a mí que ni la idea de tener una
muerte violenta o incluso de ser torturados, les detiene, más bien
al contrario, creo que es un incentivo para ellos. Ni siquiera la
idea de la cárcel, por mucho que protesten de ser apresados
injustamente y siempre le echen la culpa de ello a otros, es algo que
los haga pararse antes de tomar una decisión, siempre pueden seguir
ejerciendo de psicópatas dentro de la misma prisión o incluso
engañar a quien le toque para lograr salir antes de cumplir su
condena.
Creo
que para el psicópata es más importante el logro de su éxito, de
salirse con la suya, de sentirse por encima de los demás, de ser
admirados, de sacar provecho de sus víctimas o de conseguir un gran
placer haciendo daño, que protegerse de una agresión, de un
encarcelamiento o de una condena a muerte.
Tanto
en Oxygen como en
Fracture o
El Cabo del Miedo se muestra
esta característica del psicópata como de la persona que no se deja
amedrentar por nada ni por nadie, que se reconoce vencedora, con una
seguridad total en sí misma (cuando no lo aparentan es totalmente
fingido), como quien lleva las de ganar y, hagan lo que hagan los
demás, saben que el éxito está de su parte. El spicópata tiene la
ventaja infinita de que cualquier cosa, por mala que sea, que puedan
los demás hacerle, él siempre tendrá la oportunidad de superarla;
si le causan dolor, él infligirá más, y si lo matan, quizás para
él sea su mayor éxito logrado.



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