Otro campo de visión de la Visionaria Enmascarada

domingo, 24 de febrero de 2013

LA PSICOPATÍA EN EL CINE (I)



Doy comienzo con este post a una serie sobre la psicopatía en el cine. Me parece que cada vez más hay gente interesada en el tema de los sociópatas porque el contacto con ellos es algo que ya está asumido que pertenece, en mayor o menor grado, al devenir de la vida diaria. El cine, como cualquier manifestación artística o literaria, se hace eco de esas experiencias y nos muestra ejemplos de situaciones que muy bien pueden darse en la realidad. No olvidemos que, en la mayoría de los casos, la realidad supera a la ficción.



-El Cabo del Miedo, Fracture y Oxygen-
 

Este comentario, que plasma, con una mirada penetrante y escudriñadora, un análisis de tres largometrajes de cine, y cuyo contenido, basado en la psicopatía, a continuación transcribo, está escrito por alguien que tuvo en un momento dado de su vida relación con una persona psicópata:

Tres films que he visionado últimamente han captado mi atención nada más comenzar la película debido a mi rápida identificación del personaje como psicópata. No sé si estaré empezando a obsesionarme y a ver psicópatas por todas partes pero lo cierto es que, una vez avanzada la trama de dichas películas, se hacía patente que el guión giraba alrededor de la persona de un psicópata.



Bueno, la primera de ellas es El Cabo del Miedo, de sobra conocida, sobre cuyo protagonista no hay que hacerse mayores planteamientos puesto que es de todos conocido como ejemplo de psicópata. Esta película ya la había visto hacía años, cuando yo todavía era “virgen” en cuanto a mi conocimiento sobre este tipo de trastorno de la personalidad, cuando yo creía que estos personajes casi que existían solo en la ficción o quizás había algún que otro asesino múltiple en la realidad pero ateniendo estadísticamente a casos extraordinarios muy llamativos y que trascendieron como personajes públicos a través de la prensa sensacionalista especializada en crímenes. Pero, claro, es que por lo general al psicópata le encanta ser grandilocuente, crear mucha expectación en torno a su persona y ser incluso admirado por sus fechorías; son como artistas del mal y su inteligencia, que suelen tener en grado sumo, la emplean en maquinar acciones malvadas, en las que intervengan otras personas que harían el papel de víctimas, y que para ellos son considerados objetos con los que jugar, pero que, dada la complejidad del ser humano, son objetos muy gratificantes puesto que, más allá de obtener el placer que les proporcionan las acciones cruentas, con derramamiento de sangre, destripe, desmembraciones y otras truculencias aplicables al cuerpo humano o al de los animalitos, con los que suelen empezar practicando el ensañamiento a edades tempranas, el ser humano les ofrece también la posibilidad de jugar con sus sentimientos y emociones, con su inteligencia, con sus cualidades cognitivas o de expresividad, mucho más compleja que la mayoría de los animales y esto pienso que es un gran aliciente para el maquiavelismo implícito que conlleva cualquier acción emprendida por el psicópata.

EL Cabo del Miedo, protagonizada magistralmente por Robert de Niro, he vuelto a verla recientemente así como la versión antigua de la que fue remake, protagonizada por Robert Mitchum, vista por primera vez muchos más años atrás y de la que no tenía recuerdos apenas, y en este último visionado de ambas he tenido oportunidad de “saborear” en el personaje de Max Cady los rasgos del auténtico psicópata. Más adelante desgranaré algunos detalles, ahora continúo con los otros dos films a los que hacía referencia.



Uno de ellos es Fracture, una película que muestra un guión quizás un tanto rebuscado, pero es que, en realidad, la mente de cualquier psicópata es rebuscada, compleja, grandilocuente, espectacular..., no se conforma con medias tintas, no se pone límites, lo que su imaginación concibe es capaz de ponerlo en práctica puesto que no tiene la censura de su conciencia; lo que para algunos no deja de ser una fantasía perteneciente única y exclusivamente a su mundo imaginario, como pueda ser la mente de cualquier escritor, para el psicópata puede pasar y pasa a formar parte de su vida real, la cual, sin este tipo de fechorías o actuaciones asociales, no tendría mucho sentido.
Si se me permite la comparación, creo que es como esas personas que disfrutan gastando bromas a sus semejantes, que lo que se les ocurre lo ponen en práctica, que son ingeniosos y lo demuestran de esa manera, lo cual no deja de ser una broma aunque en ocasiones se convierta en una broma pesada
y maldita la gracia que le hace a la persona que es objeto de tal acción.

No quiero desvelar nada de la trama de Fracture, pues es realmente una película de suspense, que mantiene la atención del espectador durante todo el film y no me gustaría tirar por tierra esa cualidad, pero sí que me voy a atrever a decir que para mí la actuación del personaje que encarna al protagonista, un criminal en quien, desde el comienzo de la película podemos distinguir los rasgos de un auténtico psicópata, es como la puesta en práctica de una broma pesada, como un divertimento que se le ha ocurrido para burlarse de sus semejantes y de esta manera, de paso, llevar a cabo una venganza, aunque quizás, quién sabe, pueda ser al contrario, puede que el objetivo principal sea la puesta en práctica de una venganza y de paso convertirla en algo que le divierta por el camino, y si para ello consigue tener espectadores, mejor que mejor.

A tenor de esto, diría que creo que para un psicópata es importante la venganza, aunque ésta siempre, a los ojos de cualquier persona normal, implica un tremendo desfase entre la “ofensa” y su “castigo”. Al psicópata se le puede ofender con muy poco, o incluso puede que él o ella nos haga creer que le hemos ofendido y que somos despreciables y hacernos dudar de nuestro sentido moral cuando bien sabemos que no hemos obrado mal o que no hemos pretendido ofender, pero ellos son capaces de pisotear nuestra autoestima convenciéndonos de que somos de lo peor.
De esta manera, en boca de ellos, siempre escucharemos como algo normal, justo y equilibrado sus, a nuestros ojos y razón, tremendas y crueles venganzas, mientras que nuestra actuación para ellos merece el mayor de los castigos porque somos (nos quieren hacer creer) unos depravados.
De esta manera, una venganza -creo que en el fondo la venganza, independientemente de su cualidad amoral, es un sentimiento muy humano, como lo puedan ser los celos, aunque traspasado cierto límite se puedan considerar patológicos- se convierte en el pretexto idóneo para llevar a la práctica sus maquiavélicos actos psicopáticos.

Es en este sentido en el que considero la actuación de Ted Crawford, el psicópata de Fracture, como de “broma”, aunque una broma muy pesada, que utiliza para vengarse o que, con el pretexto de la venganza, le permite ponerla en práctica explayándose en dar rienda suelta a su maquiavélica imaginación. Por muy gratuitos o rebuscados que nos parezcan algunos detalles del guión de Fracture, si tenemos en cuenta la personalidad del psicópata, podremos darnos cuenta de que, lo que a nuestros ojos de personas normales nos parece excesivo o fuera de lugar, para un psicópata es algo normal; ellos son así, excesivos, rebuscados, no importa que sus actos no tengan un sentido común, no sean razonables o persigan un fin razonable, lo importante para ellos es divertirse, sacar placer a costa de sus iguales, a quienes considera como objetos para su deleite.

De nuevo en El Cabo del Miedo se nos presenta la trama basada en una venganza, una venganza planeada durante los años de encarcelamiento de Max Cady, un sangriento criminal para el que sus asesinatos y torturas a jovencitas no alcanzan la gravedad de la ofensa que para él ha supuesto tener que pagar esos años de reclusión en una prisión al haber sido hallado culpable de sus crímenes por la justicia.
A la persona que él considera culpable de haberlo metido entre rejas, con todo ese tremendo daño que conlleva esa situación de años de libertad perdida, por mucho que el espectador normal comprenda que se trata de una consecuencia justa, el psicópata se empeña en hacer parecer su actuación como algo que merece una venganza llevada hasta el extremo, haciéndoselo pagar con creces, y ésta es la trama del magnífico guión que hace que se nos pongan los pelos de punta mientras el psicópata Max Cady se manifiesta ante los desconocidos y desprevenidos, y si es una inocente, ingenua y desprotegida adolescente (un papel muy bien interpretado por una jovencísima Juliette Lewis), mejor que mejor; como decía, se manifiesta ante ellos como una buena persona, y en el caso de la niña, como un profesor que solo quiere ayudarla abriéndole sus adolescentes ojos a la “realidad” de la vida adulta iniciándola en los placeres que hasta ese momento le habían sido vedados debido a su corta edad.

De esta manera, Max Cady enarbola también su particular “broma” o su tremenda venganza, pretexto que en cualquier caso le proporciona desfogar sus impulsos psicopáticos, poner en práctica su maquiavélica crueldad, ejercer, en una palabra, de criminal psicópata.



Oxygen, de 1999 (no confundir con otra del mismo título pero de 2010) es la otra película reciente de la que he disfrutado (ya parece que me estoy haciendo adicta a los psicópatas) reconociendo la intrincada personalidad de otro psicópata, Harry Houdini, gran admirador del famoso mago escapista Houdini, su maestro, de quien ha tomado su nombre e intenta emular sus hazañas, y aprovecho aquí para comentar otro rasgo característico del psicópata, su admiración por personajes famosos tanto de la literatura como de la realidad, cuya vida y obras muestren algo especial, extraordinario, fuera de lo común, alguien muy admirado aunque sea por sus crímenes, como los famosos asesinos en serie. Los psicópatas admiran a estos personajes llegando a imitar sus actos, pero en el caso de tratarse de psicópatas integrados en la sociedad, de esos que se automarcan límites y que no son capaces de llegar a cometer cierto tipo de crímenes como pueden ser los homicidios, se suelen conformar con adoptar una especie de doble personalidad basada en el personaje admirado o simplemente adoptan sus nombres como seudónimos.

En esta entretenida y, a mi modo de ver, instructiva película, aunque no tenga la calidad suficiente como obra de cine y que quizás no haya recibido el reconocimiento debido por la crítica y el público en general, se nos muestra otra trama psicopática, otra de esas “bromas” pesadas que el psicópata suele maquinar como un plan tan capaz de divertirle que no puede eludir la imperiosa necesidad de llevarlo a cabo con todas sus consecuencias.
El psicópata, emule a Houdini o no, siempre es un mago, un ilusionista, es aquella persona que te muestra algo, lo que él o ella quiere que veamos, pero siempre sus actos encierran otra cosa, algo que queda oculto, que no somos capaces de ver o imaginar hasta que lo descubrimos cuando ya es tarde, cuando ya hemos caído en la trampa que ellos, muy sabiamente, muy concienzudamente, nos han tendido.

Por otra parte, el psicópata suele tener la virtud de llevar incorporado como una especie de radar con rayos X, son capaces de captar cualquier detalle que sin querer les mostramos, penetrar nuestro yo, meterse en nuestros recovecos más íntimos, en los más oscuros rincones de nuestra psique y aprovecharse y jugar con lo que allí descubren para llevar a cabo sus planes con una mayor libertad, seguridad y convencimiento, utilizando esos descubrimientos como algo que les resulta muy favorable, sabiendo que aquello de lo que ellos disfrutan alardeando, de lo que ellos se enorgullecen, para la persona de su contrincante o víctima, suele ser más bien motivo de vergüenza, de autodesestima, de fragilidad o de vulnerabilidad.

Nuestro psicópata de Oxygen, como buen psicópata que es, es también un gran ilusionista y, como hiciera en su época su gran admirado ídolo Houdini, se ha especializado en las técnicas del escapismo, llevando a cabo una actuación estelar para la que ha trazado un plan maestro mientras, con sus técnicas ilusorias, ha hecho creer a sus “espectadores” que el asunto es otro.
Para mí la película es una genial representación de la actuación de un mago, con todas sus lides, con todos sus detalles característicos, con toda su parafernalia, desde su comienzo, en el que, como cualquier ilusionista, distrae al espectador con “lo que no es” para asegurarse de que éste (o ésta) van a colaborar siguiéndole el juego, y como en toda buena actuación de un mago que se precie, necesitará la colaboración de una bella ayudante y/o de una persona del público elegida “aparentemente” al azar, personajes ambos que son utilizados para su fin o propósito y que, en definitiva, creo que, en el caso del psicópata, como en el del ilusionista, no es más que una estrategia para encumbrarse, para el ensalzamiento de su ego, para su reconocimiento y admiración por parte de los otros, pobres congéneres grises y mediocres que no poseen sus cualidades y que nunca serán capaces de alcanzar el mismo éxito que ellos al menos se proponen.

En la actuación de un psicópata creo que siempre se cumplen una serie de requisitos o partes de un ritual que en su mayoría son comunes, a saber:

-Trazado de un plan.

-Planteamiento de un cebo para hacer caer a una víctima.

-Entablar conocimiento con la víctima de manera que todo parezca casual.

-Mostrarle su faceta atractiva o seductora, haciendo parecer una persona fiable, incluso amable o simpática, alguien que tiene algo que ofrecer, aunque después siempre la realidad es todo lo contrario, el psicópata es alguien que tiene algo que ganar o sacarle a su víctima.

-El psicópata siempre nos conducirá, mediante sus trucos bien estudiados, sus engaños, su cinismo, su hipocresía o sus planes por la senda que quiera, por mucho que nosotros no aceptemos o no queramos reconocer que es así.

A veces nos confían, de manera que creamos que todo está saliendo o va a salir a nuestro gusto, hasta que nos damos cuenta de que hemos caído en su trampa, en un laberinto que han fabricado para nosotros del que no somos capaces de salir. En su juego nos hacen creer que nos van a ayudar a salir de ese laberinto y no nos queda otra que confiar en ellos, no hay otra manera posible, pero lo único que hacen es ir adentrándonos más y más de manera que cada vez vamos sintiendo mayor angustia y desasosiego, pensando ingenua e inútilmente que se acerca el momento de que nos lleven a la salida, de manera que, sin nosotros buscarlo, se ha creado una dependencia; estamos a merced del psicópata mientras que al mismo tiempo nos creemos necesitados de él. Sin conocer la auténtica realidad de nuestro “verdugo”, ponemos a su alcance todo tipo de técnicas para tratar de convencerlo, desde el ruego o la súplica, pasando por el soborno o el chantaje, hasta el empleo de amenazas y terminando por una patética muestra de horror y desesperación que pensamos erróneamente que será eficaz para ablandar su corazón, cuando, nada más lejos, el psicópata, muy al contrario, disfrutará más y más al ver retorcerse a su víctima indefensa y sin posibilidad de escapar.

En Oxygen, el personaje de la inspectora de policía tiene ya una relación patológica con un psicópata, lo cual la hace no sólo dependiente de éste sino también vulnerable, es su punto débil, su tendón de Aquiles, el cual no le resulta difícil de descubrir al falso Houdini, quien lo utiliza como quien tiene escondido un as en su manga.

Esa especie de fascinación mutua que normalmente se crea entre víctima y verdugo psicópata se produce entre la detective Foster y Harry. Ambos reconocen en el otro a su partenaire ideal. Harry está convencido de que logrará que ella le siga su juego porque sabe que ella, en su rutina diaria, en su vida particular, ya lo hace y de alguna manera es adicta a ello. A su vez ella ha sido capaz de reconocer en la mirada de Harry una identificación con el psicópata que ella frecuenta, de manera que no es capaz de renunciar a la tentación de seguir el juego que le marca el nuevo Houdini.

Esta debilidad personal de la detective la hace tremendamente vulnerable en relación a nuestro criminal psicópata; en lugar de pensar fría e inteligentemente y darse cuenta de lo que puede significar estar frente a un hombre que es capaz de emular al auténtico Houdini, ella ha caído total y completamente en su trampa, en la de dejar que juegue con su psiquismo, en la de dejarse manipular, de manera que él consigue que ella esté más pendiente de sí misma, de protegerse y a la vez intentar salirse con sus propósitos como policía, lo cual la hace gestionar de manera errónea su energía y malgastar sus fuerzas, debilitadas en la tarea de salvar su propio ego.

También hay un enfrentamiento de egos en Fracture, también el psicópata de turno juega con el egocentrismo y la desmesurada ambición de un joven abogado que trabaja de ayudante del fiscal.
También, como en el anterior caso, el psicópata ha tendido una trampa, ha maquinado un plan y ha encontrado a la persona idónea que le facilitará seguirlo; en él pretende burlarse de cuanta gente pueda, manipular a cuantos más mejor, conducirlos por la senda falsa, llevarlos engañados en la dirección que él quiere y que sabe perfectamente que no les dará resultado.

Hay algo que quisiera resaltar, y es que el psicópata siempre va de sobrado por la vida, siempre va uno o varios pasos por delante; como en el juego del ajedrez, sabe intuir la siguiente jugada del contrario y está prevenido, todo lo ha calculado, hasta lo que parece un error o fallo cometido por él mismo, una muestra de debilidad, no es más que una mera forma de engañar o manipular a su adversario. Y ¿a qué se debe esta particularidad? Pues, no solo a la inteligencia del psicópata, que no cabe duda que por regla general la tiene, sino también, y quizás esto sea lo más relevante, a que juega con la ventaja de no tener las cortapisas de su conciencia; para el psicópata todo está permitido, nada hay que le restrinja su manera de actuar, creo que incluso poseen la característica de obtener placer, un placer morboso, incluso de su propio dolor físico; me parece a mí que ni la idea de tener una muerte violenta o incluso de ser torturados, les detiene, más bien al contrario, creo que es un incentivo para ellos. Ni siquiera la idea de la cárcel, por mucho que protesten de ser apresados injustamente y siempre le echen la culpa de ello a otros, es algo que los haga pararse antes de tomar una decisión, siempre pueden seguir ejerciendo de psicópatas dentro de la misma prisión o incluso engañar a quien le toque para lograr salir antes de cumplir su condena.
Creo que para el psicópata es más importante el logro de su éxito, de salirse con la suya, de sentirse por encima de los demás, de ser admirados, de sacar provecho de sus víctimas o de conseguir un gran placer haciendo daño, que protegerse de una agresión, de un encarcelamiento o de una condena a muerte.

Tanto en Oxygen como en Fracture o El Cabo del Miedo se muestra esta característica del psicópata como de la persona que no se deja amedrentar por nada ni por nadie, que se reconoce vencedora, con una seguridad total en sí misma (cuando no lo aparentan es totalmente fingido), como quien lleva las de ganar y, hagan lo que hagan los demás, saben que el éxito está de su parte. El spicópata tiene la ventaja infinita de que cualquier cosa, por mala que sea, que puedan los demás hacerle, él siempre tendrá la oportunidad de superarla; si le causan dolor, él infligirá más, y si lo matan, quizás para él sea su mayor éxito logrado.

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