Bienvenido Mr.
Adelson!!
Eran
otros tiempos... Corría la década de los 50 del pasado siglo XX.
España había sufrido y mucho y necesitaba ser rescatada de su
miseria y que alguien la ayudara a resurgir de sus propias cenizas.
El general Francisco Franco la había “salvado de la podredumbre”
y ahora le llegaba la insigne tarea de levantarla y hacerla brillar;
era el momento de hacer de España Una, Grande y Libre.
Pero esa España, deshecha y debilitada necesitaba ayuda y de las
grandes, no había más remedio que venderse al mejor postor.
Estratégicamente España era y es un territorio privilegiado desde
ciertos puntos de vista. Así que, sin dudarlo, la opción
maravillosa era dar cabida a las bases militares norteamericanas. En
plena guerra fría, no cabía duda alguna de que esa sublime ayuda
convertiría a España en un gran baluarte de defensa contra la
“amenaza comunista”. El gobierno norteamericano proporcionaba así
a España un apoyo tanto moral como armamentístico, reforzando
nuestro ejército, mientras que España aseguraba un puesto
estratégico inigualable.
Sin embargo España, razones hubo de haber que para mí (y para la
mayoría, creo) no están claras, se dice que por cuestiones
religiosas (¿?)..., no entró en el plan de reconstrucción creado
por el gobierno de los Estados Unidos de la Europa destruida como
consecuencia de la segunda guerra mundial. Tal vez fuera porque
España no tomó parte...
Cuando
todo esto sucedía yo apenas era una bebé, así que no me enteraba
mucho del asunto, pero sí que me encantó ver, algunos años más
tarde, reflejado todo ese ambiente que retrataba la miseria, la
pobreza, la ingenuidad del pueblo español en una mítica película,
dechado de ironía y sarcasmo, que rayaba en la genialidad, del
insigne cineasta Luis García Berlanga y que refleja la espera
emocionada por parte de un pueblecito típico de la España profunda,
Villar del Río, de los americanos,
a los que deberán recibir con todos los honores y agasajos propios
de la idiosincrasia española como se merecen. Después de semanas de
preparativos y engalanamientos, los americanos pasan de largo en un
abrir y cerrar de ojos. Esta paradójica ayuda norteamericana es
reflejada magistralmente en esta parodia titulada Bienvenido
Mr. Marshall.
No puedo evitar que mi mente evoque en estos días la inolvidable
imagen de Elvira Quintillá con su traje de faralaes de lunares y sus
llamativas gafas de secretaria (aunque me parece que hacía el papel de maestra) en esas instantáneas inolvidables de
la comitiva encargada del recibimiento de los americanos e imagino al
pueblo de Alcorcón luciendo sus mejores galas al estilo chulapo y
con música de chotis el día de la inauguración del EuroVegas. Lo
que me temo muy mucho es que esta vez los americanos no van a pasar
de largo, que vienen para quedarse, como hicieron con las bases
militares y, si Mr. Marshall pasó de largo (despistado él), Mr.
Adelson no pasará sino que viene imponiendo sus costumbres y sus
leyes y se nos acoplarán con tal de hacer su agosto y el de nuestros avispados mandamases. Hasta los pelos se me ponen de punta de
solo pensarlo.
Y es que en estos precisos momentos España está pasando por una
crisis devastadora de un calibre parecido a las secuelas de nuestra
inolvidable guerra civil, y para paliar esa debilidad en la que
nuestra sociedad anda sumida y de la que nuestros políticos se están
aprovechando, no se les ha ocurrido otra cosa que volver a confiar en
las “ayudas” de los norteamericanos y como nuestra economía está
por los suelos y la gente mendiga la comida, se muere sin remedio por
no poder recibir el tratamiento médico pertinente o se suicida
porque no puede pagar su hipoteca (males menores mientras ellos
puedan seguir enriqueciéndose), qué mejor que traernos a nuestro
propio terreno un trocito de su imperio de Las Vegas, que mueve tanto
dinero y a lo mejor, quién sabe..., quizás echando unas moneditas
en una máquina tragaperras se acaben todos nuestros problemas. ¿Se
imaginan a uno de nuestros pobres parados convertido en unos meses en
un orondo magnate fumando a todas horas puros habanos? Ah, y no hay
cuidado, que esto no fomentará la corrupción; es que más de la que
hay creo que ya no es posible.
Cualquier día de estos nos plantan aquí una sucursal de la NASA y
España se convierte en base de aterrizaje de naves extraterrestres,
ya puestos..., a lo mejor eso sí que levantaba nuestra debilitada
economía.
Españoles y españolas, preparémonos, aquí llegan “los
hombres de Adelson”.
V.
E.


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