Otro campo de visión de la Visionaria Enmascarada

viernes, 1 de febrero de 2013

El arca de Noé de las palabras



El arca de Noé de las palabras


Hoy me nace escribir en serio. Por esta vez abandono mi tono jocoso acostumbrado y en su lugar quiero mostrar la seriedad de un tema que realmente me preocupa y al que creo que no se le está dando el enfoque adecuado o quizás se le esté viendo desde puntos de vista tan concretos que hacen que resulte una visión muy parcial del mismo, obviando esas otras caras que se mantienen ocultas o simplemente son tratadas dentro de otras problemáticas, lo cual hace que, en esto del lenguaje, se pierda una visión más global y completa a mi modo de entender, dejando el problema irresuelto.

En mi preocupación por cómo utilizar, en mi día a día, el lenguaje para que no resulte sexista no estando como no lo estoy de acuerdo con ciertas propuestas que pululan por ahí y que parecen ser las hechas por los grupos más progresistas y que, por ende, defienden a ultranza los derechos igualitarios, me vienen a la cabeza no pocas dudas, conjeturas, pros y contras acerca de ésta problemática.

Yo, he de decirlo, no estoy tan segura de que haciendo una distinción en cuanto al género de las palabras, más concretamente en relación a las profesiones, oficios, cualidades y demás características que hagan referencia a hombres o a mujeres y su lugar en la sociedad, estemos ayudando a crear un mundo menos sexista, más igualitario y más justo ni que se consiga con ello hacer visibles a mujeres invisibles o que viven en una marcada inferioridad de condiciones.

Como ya vengo proponiendo en algunos de mis posts, no convencida del efecto positivo del uso en femenino de ciertas palabras, optaría por lo que me parece más justo y es la creación de un lenguaje que incluya sin diferenciación tanto a hombres como a mujeres, un vocabulario neutro, innovado, que evite contener términos que hagan referencia al masculino en profesiones, tal y como estamos acostumbrados a oír y decir desde hace ya mucho tiempo. No me parece que lo adecuado sea “sacar la costilla” de esas palabras y convertirlas en su “pareja” en femenino como si fuésemos a salvar a la humanidad metiendo en una hipotética “arca de Noé” a parejas de médico y médica, abogado y abogada, bombero y bombera, alcalde y alcaldesa, presidente y presidenta, maestro y maestra, juez y jueza, etc.

Y es que todo esto me suscita un gran dilema. Si las mujeres hemos sido y todavía lo somos en alguna medida o en gran medida en algunos ambientes, sociedades o culturas, las grandes perjudicadas en relación a los hombres ¿no ocurre igual con los negros, los homosexuales, los intersexuales (sobre los que se está proponiendo que sean considerados como un tercer sexo, lo cual complicaría todavía más esta diferenciación del género de las palabras y los relevaría aún más a una posición de total y absoluta discriminación) y todos esos colectivos de la sociedad que por el motivo que sea están discriminados?.

Me pregunto cómo resultaría visto por ciertos sectores o entidades que se empezara a crear una diferenciación de raza en el lenguaje para “hacer visibles” a las personas de color negro en la sociedad. Pongamos por ejemplo el caso de un abogado que es de piel negra; estaría muy mal visto que dijésemos de él tanto el abogado negrata como el abogado negrito, y sin embargo, no querríamos que pasara desapercibido en un mundo de blancos. Entonces deberíamos buscar un término x que lo distinguiera sin discriminar. Habría entonces una palabra para designar a los hombres blancos que se dedican a la abogacía, otra para designar a las mujeres blancas que se dedican a la abogacía, otra para designar a los hombres negros que se dedican a la abogacía, otra para designar a las mujeres negras que se dedican a la abogacía y así sucesivamente, hasta poder incluir religión, ideología y demás diferenciaciones.

¿No sería más justo no hacerlas?, ¿no sería más justo no otorgarle importancia ni al género ni al color de piel de una persona que disfruta del derecho a ejercer su profesión o, sencillamente, a ser persona y a vivir como tal en un mundo plural en el que todos los seres humanos por el hecho de serlo tengan cabida y tengan derecho a ser considerados y a ser tratados por igual?

¿Por qué hacer visibles a las mujeres?, ¿por qué hacer visibles a las personas negras?, ¿por qué hacer visibles a los gays? ¿No es más justo que todos tengamos el mismo peso específico en la sociedad? ¿no sería lo ideal conseguir que nadie, por razón de sexo, raza, inclinación sexual, religión, etc. tuviera necesidad de “hacerse visible” sino que cada cual fuera visible en el lugar que ocupe por el hecho de ser individuo dentro de una sociedad?

Me cabe aquí también hablar sobre la discriminación positiva... Para mí cualquier tipo de discriminación es discriminación, sea positiva o sea negativa, y de entrada la rechazo. Las compensaciones a destiempo no me valen y las actitudes machistas enmascaradas tampoco. Que un hombre me abra la puerta y me deje pasar primero me está dando a entender que no soy capaz de abrirme la puerta yo sola. Que me acerque la silla para sentarme a comer me está dando a entender que yo no sé hacerlo. Y que me den alguna ventaja en un competición por el hecho de ser mujer me está queriendo decir que soy de alguna manera inferior a los hombres. En cambio, tener un detalle de ese tipo con una mujer cuando se admite que sea recíproco o que esa reciprocidad sea aceptada a un nivel social, sí que es algo deseable por mi parte. Ofrecer ventajas (en apariencia) en términos políticos a las mujeres a cambio de antiguas discriminaciones, me parece fuera de lugar. En vez de discriminación positiva ¿por qué no llamar a las cosas por sus nombre y reconocer que las mujeres tienen derecho a optar por cualquier puesto en la sociedad en justicia y no porque un gobierno se las dé de generoso ofreciendo discriminación positiva?

Otra cosa sería que alguien, hombre o mujer, me sostuviera la puerta si es que voy cargada, o me acercara la silla si es que llevo un brazo escayolado. Y otra también muy diferente es crear ventajas u ofrecer ayudas a personas discapacitadas, que padecen algún tipo de deficiencia que las coloca realmente en una posición de inferioridad en relación al resto. En estos casos sí que se tercia crear sistemas de ayuda para facilitarles la integración social y el apoyo para que puedan funcionar al mismo nivel que las personas que tienen la ventaja de funcionar al máximo de sus facultades. Considero oportuno en estos casos, por ejemplo, el uso del alfabeto braille, el lenguaje por signos para sordomudos, etc., pero no la utilización de palabras que diferencien a estas personas en el ejercicio de su profesión.

Por tanto, mi conclusión es la siguiente: ¿Cambios en el lenguaje? Sí. ¿Inclusión de todos los seres humanos en cualquier ámbito de la vida sin excepciones? Sí. ¿Tendencia al empleo en el idioma de palabras que sean incluyentes y no excluyentes? Sí. ¿Diferenciación de géneros en el lenguaje? No.

V. E.

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