El arca de Noé de las
palabras
Hoy me nace escribir en
serio. Por esta vez abandono mi tono jocoso acostumbrado y en su
lugar quiero mostrar la seriedad de un tema que realmente me preocupa
y al que creo que no se le está dando el enfoque adecuado o quizás
se le esté viendo desde puntos de vista tan concretos que hacen que
resulte una visión muy parcial del mismo, obviando esas otras caras
que se mantienen ocultas o simplemente son tratadas dentro de otras
problemáticas, lo cual hace que, en esto del lenguaje, se pierda una
visión más global y completa a mi modo de entender, dejando el
problema irresuelto.
En mi preocupación por cómo
utilizar, en mi día a día, el lenguaje para que no resulte sexista
no estando como no lo estoy de acuerdo con ciertas propuestas que
pululan por ahí y que parecen ser las hechas por los grupos más
progresistas y que, por ende, defienden a ultranza los derechos
igualitarios, me vienen a la cabeza no pocas dudas, conjeturas, pros
y contras acerca de ésta problemática.
Yo, he de decirlo, no estoy
tan segura de que haciendo una distinción en cuanto al género de
las palabras, más concretamente en relación a las profesiones,
oficios, cualidades y demás características que hagan referencia a
hombres o a mujeres y su lugar en la sociedad, estemos ayudando a
crear un mundo menos sexista, más igualitario y más justo ni que se
consiga con ello hacer visibles a mujeres invisibles o que viven en
una marcada inferioridad de condiciones.
Como ya vengo proponiendo en
algunos de mis posts, no convencida del efecto positivo del uso en
femenino de ciertas palabras, optaría por lo que me parece más
justo y es la creación de un lenguaje que incluya sin diferenciación
tanto a hombres como a mujeres, un vocabulario neutro, innovado, que
evite contener términos que hagan referencia al masculino en
profesiones, tal y como estamos acostumbrados a oír y decir desde
hace ya mucho tiempo. No me parece que lo adecuado sea “sacar la
costilla” de esas palabras y convertirlas en su “pareja” en
femenino como si fuésemos a salvar a la humanidad metiendo en una
hipotética “arca de Noé” a parejas de médico y médica,
abogado y abogada, bombero y bombera, alcalde y alcaldesa, presidente
y presidenta, maestro y maestra, juez y jueza, etc.
Y es que todo esto me
suscita un gran dilema. Si las mujeres hemos sido y todavía lo somos
en alguna medida o en gran medida en algunos ambientes, sociedades o
culturas, las grandes perjudicadas en relación a los hombres ¿no
ocurre igual con los negros, los homosexuales, los intersexuales
(sobre los que se está proponiendo que sean considerados como un
tercer sexo, lo cual complicaría todavía más esta diferenciación
del género de las palabras y los relevaría aún más a una posición
de total y absoluta discriminación) y todos esos colectivos de la
sociedad que por el motivo que sea están discriminados?.
Me pregunto cómo resultaría
visto por ciertos sectores o entidades que se empezara a crear una
diferenciación de raza en el lenguaje para “hacer visibles” a
las personas de color negro en la sociedad. Pongamos por ejemplo el
caso de un abogado que es de piel negra; estaría muy mal visto que
dijésemos de él tanto el abogado negrata como el abogado
negrito, y sin embargo, no
querríamos que pasara desapercibido en un mundo de blancos.
Entonces deberíamos buscar un
término x que lo distinguiera sin discriminar. Habría entonces una
palabra para designar a los hombres blancos que se dedican a la
abogacía, otra para designar a las mujeres blancas que se dedican a
la abogacía, otra para designar a los hombres negros que se dedican
a la abogacía, otra para designar a las mujeres negras que se
dedican a la abogacía y así sucesivamente, hasta poder incluir
religión, ideología y demás diferenciaciones.
¿No
sería más justo no hacerlas?, ¿no sería más justo no otorgarle
importancia ni al género ni al color de piel de una persona que
disfruta del derecho a ejercer su profesión o, sencillamente, a ser
persona y a vivir como tal en un mundo plural en el que todos los
seres humanos por el hecho de serlo tengan cabida y tengan derecho a
ser considerados y a ser tratados por igual?
¿Por
qué hacer visibles a las mujeres?, ¿por qué hacer visibles a las
personas negras?, ¿por qué hacer visibles a los gays? ¿No es más
justo que todos tengamos el mismo peso específico en la sociedad?
¿no sería lo ideal conseguir que nadie, por razón de sexo, raza,
inclinación sexual, religión, etc. tuviera necesidad de “hacerse
visible” sino que cada cual fuera visible en el lugar que ocupe por
el hecho de ser individuo dentro de una sociedad?
Me
cabe aquí también hablar sobre la discriminación positiva... Para
mí cualquier tipo de discriminación es discriminación, sea
positiva o sea negativa, y de entrada la rechazo. Las compensaciones
a destiempo no me valen y las actitudes machistas enmascaradas
tampoco. Que un hombre me abra la puerta y me deje pasar primero me
está dando a entender que no soy capaz de abrirme la puerta yo sola.
Que me acerque la silla para sentarme a comer me está dando a
entender que yo no sé hacerlo. Y que me den alguna ventaja en un
competición por el hecho de ser mujer me está queriendo decir que
soy de alguna manera inferior a los hombres. En cambio, tener un
detalle de ese tipo con una mujer cuando se admite que sea recíproco
o que esa reciprocidad sea aceptada a un nivel social, sí que es
algo deseable por mi parte. Ofrecer ventajas (en apariencia) en
términos políticos a las mujeres a cambio de antiguas
discriminaciones, me parece fuera de lugar. En vez de discriminación
positiva ¿por qué no llamar a las cosas por sus nombre y reconocer
que las mujeres tienen derecho a optar por cualquier puesto en la
sociedad en justicia y no porque un gobierno se las dé de generoso
ofreciendo discriminación positiva?
Otra
cosa sería que alguien, hombre o mujer, me sostuviera la puerta si
es que voy cargada, o me acercara la silla si es que llevo un brazo
escayolado. Y otra también muy diferente es crear ventajas u ofrecer
ayudas a personas discapacitadas, que padecen algún tipo de
deficiencia que las coloca realmente en una posición de inferioridad
en relación al resto. En estos casos sí que se tercia crear
sistemas de ayuda para facilitarles la integración social y el apoyo
para que puedan funcionar al mismo nivel que las personas que tienen
la ventaja de funcionar al máximo de sus facultades. Considero
oportuno en estos casos, por ejemplo, el uso del alfabeto braille,
el lenguaje por signos para
sordomudos, etc., pero no la utilización de palabras que diferencien
a estas personas en el ejercicio de su profesión.
Por
tanto, mi conclusión es la siguiente: ¿Cambios en el lenguaje? Sí.
¿Inclusión de todos los seres humanos en cualquier ámbito de la
vida sin excepciones? Sí. ¿Tendencia al empleo en el idioma de
palabras que sean incluyentes y no excluyentes? Sí. ¿Diferenciación
de géneros en el lenguaje? No.
V. E.
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