Otro campo de visión de la Visionaria Enmascarada

sábado, 23 de febrero de 2013

A Risto Mejide



A Risto Mejide

-desde mi más sincera opinión-





El otro día, haciendo zapping, caí en uno de esos programas que casi nunca suelo seguir, se trataba de Tú sí que vales. Reconozco que pudo ser el morbo lo que me mantuvo sin pasar de cadena por un buen rato, la expectación del rifirrafe que las secuencias previas prometían. Y eso fue lo que me perdió y ojalá haya aprendido la lección y me sirva de escarmiento.

Entre otras cosas, no me gusta nada el conjunto del programa, ni el presentador (aunque hace lo que puede, lo reconozco, el terreno no da para más), ni la ambientación, ni el backstage, ni el jurado en ninguna de sus modalidades, nada de nada. Y los concursantes, si acaso hay alguno con un mínimo de calidad, se pierde entre tanta mamarrachada.

Reconozco que soy una morbosa por pararme a verlo y que me dejé llevar por el pique. No, si yo prefiero lo de los cuerpos embarazosos, pero es que ya están todos tan vistos... Pero al final tuve mi merecido porque la actuación de Risto consiguió sacarme de mis casillas.

Sinceramente, no entiendo mucho de los entresijos televisivos y no estoy segura de si un miembro de un jurado actúa desde sí mismo o interpreta un papel dentro de un guión o simplemente sigue las pautas de un personaje creado. Y digo esto porque, a estas alturas, no sé si Risto es como aparenta ser o interpreta un personaje. Ahora, lo que sí sé es que no hay derecho que justifique la humillación de un o una concursante. Porque, señor Mejide, una cosa es una crítica constructiva que, como usted pretende, pueda ayudar al artista a evolucionar y otra cosa muy diferente es humillar y avergonzar a la persona delante de un público en el plató y de unas cámaras que representan a un público mucho más amplio.

Bochornosa me pareció la actuación de Risto que, a mi juicio, metió la pata hasta el fondo con una concursante que provenía de Cuba y cantaba a dúo con un chico nicaragüense, creo, que la acompañaba a la guitarra, Leydanis y Will, y que estoy segura de que hasta el día de su intervención en el programa Tú sí que vales no habría imaginado que pudieran existir personas como Risto, y he de suponer que tendrá experiencia con otros españoles y españolas y no habrá llegado a la conclusión de que en España somos así, pero, encima de que manifestó sentir esa responsabilidad y ese miedo que le causaba actuar ante un público español, fue Risto y hurgó en su herida. A mí que no me digan, pero la intención de Risto para mí fue claramente la de humillarla, ¿por qué? solo él lo sabrá. Para mí fue evidente el ensañamiento verbal que consiguió hundir a la persona, con la excusa, ¡qué risa!, de que como artista se encontraría a lo largo de su carrera con situaciones o críticas de ese tipo con las que debería aprender a lidiar y la harían reconocer sus errores.

Pues no, Risto Mejide, sí que existe gente como usted, y existe gente que actúa con maldad, y existe gente que inflige dolor solo por placer, y sí, claro, por supuesto que tropezarse con una de esas personas es algo didáctico para la vida, pero nada tiene eso que ver con una crítica de arte, con una crítica de una actuación en un escenario. Y un artista que actúa en un escenario está interaccionando con un público, existe una relación directa y recíproca artista-público público-artista, y lo normal y lógico es que un artista intente congraciarse con su público, crear un clima de complicidad entre ambos, y usted debería saber que el carácter de los cubanos o de los latinoamericanos en general es mucho más afable, expresivo y exteriorizable que el nuestro, y para qué decir que el suyo. Y usted, Risto Mejide, confunde la sinceridad con la malasombra y se considera seguramente a sí mismo como alguien muy sincero, porque dice lo que piensa, lo que no se da cuenta es de que lo que piensa son la mayoría de las veces aberraciones producto de una personalidad prejuiciosa y paranoica como es la suya.

Usted llamó de forma gratuita “falsa” a una señora que cantó como mejor supo, o pudo, llevada por los nervios de la responsabilidad que para ella suponía esa actuación, ese debut en una cadena de una televisión española, actuación para llegar a la cual había pasado un casting; una persona que para mi gusto, si bien tuvo ciertos fallos durante su interpretación, es una cantante nata y una artista nata, y tiene un potencial bestial con su voz y tiene un talento que quizás deba pulir pero que no se puede negar que lo tiene, y quiso interactuar con el público porque eso es lo que hace un artista sobre el escenario, y me parece que los aplausos que consiguió salieron del público espontáneamente y para nada porque ella lo manipulara con su supuesta falsedad. Y estoy segura, señor Risto Mejide, que usted no se atrevería a llamar falsos a un Raphael o a una Isabel Pantoja...

En todo caso debería haberle explicado a Leydanis ese concepto de la falsedad que usted tiene, de la falta de sinceridad en un escenario, y que evidentemente ella no entendió ni se sintió identificada en manera alguna, lo único que sintió fue una humillación gratuita que consideraba que no merecía para nada. Estoy convencida de que a juicio de ella misma lo último que se sentía era falsa y así lo manifestó desde lo profundo de su persona. Ella era auténtica, real, era así, como ella misma dijo, y que alguien le espetara lo contrario solo lo podía interpretar como un insulto y una falta de respeto. A mi modo de ver (ahora que he encontrado el vídeo de esa actuación y lo he revisado), creo que usted confundió la falta de sinceridad sobre el escenario con una cierta pérdida de papeles, una cierta sobreactuación que yo creo que fue por causa de los nervios.

Y me da rabia, señor Mejide, mucha rabia, pensar que usted estaría a buen seguro sintiendo un placer inmenso al ver la imagen de la chica descomponerse, al ver el negro de su maquillaje de ojos resbalar por sus mejillas al no poder contener unas lágrimas que brotaban de sus ojos sin poder impedirlo, por mucho que ella, estoy segura, trataba de mantenerlas a raya y mantener el tipo mientras usted, ¡hipócrita y falso Risto!, se justificaba pensando que le hacía un favor a ella con su sabia crítica, porque, una inteligencia como la suya no tiene rival y usted sabe perfectamente lo que le conviene a cada uno de los concursantes a los que debe enjuiciar.

Y es que, Risto, no nos engañemos, no se engañe usted, pero no es la primera vez que le he visto reaccionar de manera paranoica ante un gesto, un simple gesto, una mueca, una leve sonrisa, malinterpretados por usted, de alguno de los artistas a los que, como a esta sensible mujer cubana, ha faltado al respeto, sí, ese que ella misma le pidió que le devolviera, no porque, como usted dijera, “el respeto no se exige, el respeto se gana”, sino porque el respeto es algo a lo que todas las personas, como seres humanos, nos debemos unos a otros. Y es que usted confunde los términos y se queda tan pancho, porque usted está tan pagado de sí mismo que siempre siempre sus opiniones prevalecerán por encima de las de los demás. Si es que es tan sencillo... Risto, usted le faltó al respeto y ella le hizo esa advertencia o esa petición porque no se sentía merecedora de ello, y no hay más. Y usted va y pretende darle la vuelta a la tortilla y manifestar que era ella quien debía demostrar que merecía un respeto. Perdone que me ría a pesar de mi indignación. Es como si un asesino que mata a otra persona porque se le antoja que no merece seguir viviendo alegara en su defensa que la mató porque ella se lo buscó, que para continuar con vida tiene cada cual que demostrar que así lo merece. O sea, como que la vida no es un derecho inalienable de todas las personas sino que han de hacer méritos para que así sea. Sí, esa es su postura, Risto Mejide, esa chica no se había hecho respetar porque, según usted, era “falsa no, lo siguiente”. Me quedo sin palabras.

El respeto, dice usted, Risto, que es lo que ha ejercido levantándose por la mañana, yendo al plató, mirando el ensayo de la pareja varias veces y escuchando su actuación sin interrupción por su parte. Jajaja, hasta ahí podíamos llegar... Ese es su trabajo, nada tiene que ver con lo del respeto. Sin embargo usted sí que ha interrumpido a Leydanis cuando ella, desde su ingenuidad, relataba su experiencia de venir a España buscando oportunidades y usted ha cortado su alegato con una sarcástica carcajada y un comentario sobre lo poco acertado de venir a nuestro país con ese propósito. Pero eso no es faltar al respeto. Sin embargo después, cuando ella ha hecho una pequeña interrupción al sentirse ofendida o desconcertada por sus palabras, unas palabras dirigidas a ella personalmente y que le parecían injustificadas, entonces era ella la que le estaba faltando al respeto a usted por esa breve interrupción. Que me lo expliquen...

Pero el colmo ya fue cuando, seguramente, intuyó que había metido la pata y se había pasado unos cuantos pueblos con esa mujer y para “arreglarlo”, como premio de consolación va y le concede un “tú sí que vales” que ese sí que era más falso que los paraguas de un bazar chino. ¿Acaso pretendía usted desagraviarla...? porque, no sé, de verdad que no lo sé, si usted era consciente de estar humillándola más aún o es que de psicología sabe lo que yo de física nuclear. Me pregunto cómo le llama usted a esa actuación suya de, después de lo sucedido, otorgarle el voto de “tú sí que vales”. ¿Eso se llama falsedad o ensañamiento? A estas alturas me da igual su respuesta, es usted un impresentable. Yo, no solo no lo compro (por cierto, creo que eso sería esclavitud) sino que tampoco me lo quedo ni regalao.

V. E.

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