A Risto Mejide
-desde
mi más sincera opinión-
El otro
día, haciendo zapping, caí en uno de esos programas que casi nunca
suelo seguir, se trataba de Tú sí que vales.
Reconozco que pudo ser el morbo
lo que me mantuvo sin pasar de cadena por un buen rato, la
expectación del rifirrafe que las secuencias previas prometían. Y
eso fue lo que me perdió y ojalá haya aprendido la lección y me
sirva de escarmiento.
Entre
otras cosas, no me gusta nada el conjunto del programa, ni el
presentador (aunque hace lo que puede, lo reconozco, el terreno no da
para más), ni la ambientación, ni el backstage,
ni el jurado en ninguna de sus modalidades, nada de nada. Y los
concursantes, si acaso hay alguno con un mínimo de calidad, se
pierde entre tanta mamarrachada.
Reconozco
que soy una morbosa por pararme a verlo y que me dejé llevar por el
pique. No, si yo prefiero lo de los cuerpos
embarazosos, pero
es que ya están todos tan vistos... Pero al final tuve mi merecido
porque la actuación de Risto consiguió sacarme de mis casillas.
Sinceramente, no entiendo mucho de los entresijos televisivos y no
estoy segura de si un miembro de un jurado actúa desde sí mismo o
interpreta un papel dentro de un guión o simplemente sigue las
pautas de un personaje creado. Y digo esto porque, a estas alturas,
no sé si Risto es como aparenta ser o interpreta un personaje.
Ahora, lo que sí sé es que no hay derecho que justifique la
humillación de un o una concursante. Porque, señor Mejide, una cosa
es una crítica constructiva que, como usted pretende, pueda ayudar
al artista a evolucionar y otra cosa muy diferente es humillar y
avergonzar a la persona delante de un público en el plató y de unas
cámaras que representan a un público mucho más amplio.
Bochornosa
me pareció la actuación de Risto que, a mi juicio, metió la pata
hasta el fondo con una concursante que provenía de Cuba y cantaba a
dúo con un chico nicaragüense, creo, que la acompañaba a la
guitarra, Leydanis y Will,
y que estoy segura de que hasta el día de su intervención en el
programa Tú sí que vales no
habría imaginado que pudieran existir personas como Risto, y he de
suponer que tendrá experiencia con otros españoles y españolas y
no habrá llegado a la conclusión de que en España somos así,
pero, encima de que manifestó sentir esa responsabilidad y ese miedo
que le causaba actuar ante un público español, fue Risto y hurgó
en su herida. A mí que no me digan, pero la intención de Risto para
mí fue claramente la de humillarla, ¿por qué? solo él lo sabrá.
Para mí fue evidente el ensañamiento verbal que consiguió hundir a
la persona, con la excusa, ¡qué risa!, de que como artista se
encontraría a lo largo de su carrera con situaciones o críticas de
ese tipo con las que debería aprender a lidiar y la harían
reconocer sus errores.
Pues
no, Risto Mejide, sí que existe gente como usted, y existe gente que
actúa con maldad, y existe gente que inflige dolor solo por placer,
y sí, claro, por supuesto que tropezarse con una de esas personas es
algo didáctico para la vida, pero nada tiene eso que ver con una
crítica de arte, con una crítica de una actuación en un escenario.
Y un artista que actúa en un escenario está interaccionando con un
público, existe una relación directa y recíproca artista-público
público-artista, y lo normal y lógico es que un artista intente
congraciarse con su público, crear un clima de complicidad entre
ambos, y usted debería saber que el carácter de los cubanos o de
los latinoamericanos en general es mucho más afable, expresivo y
exteriorizable que el nuestro, y para qué decir que el suyo. Y
usted, Risto Mejide, confunde la sinceridad con la malasombra
y se considera seguramente a sí mismo como alguien muy sincero,
porque dice lo que piensa, lo que no se da cuenta es de que lo que
piensa son la mayoría de las veces aberraciones producto de una
personalidad prejuiciosa y paranoica como es la suya.
Usted
llamó de forma gratuita “falsa” a una señora que cantó como
mejor supo, o pudo, llevada por los nervios de la responsabilidad que
para ella suponía esa actuación, ese debut en una cadena de una
televisión española, actuación para llegar a la cual había pasado
un casting; una persona que para mi gusto, si bien tuvo ciertos
fallos durante su interpretación, es una cantante nata y una artista
nata, y tiene un potencial bestial con su voz y tiene un talento que
quizás deba pulir pero que no se puede negar que lo tiene, y quiso
interactuar con el público porque eso es lo que hace un artista
sobre el escenario, y me parece que los aplausos que consiguió
salieron del público espontáneamente y para nada porque ella lo
manipulara con su supuesta falsedad. Y estoy segura, señor Risto
Mejide, que usted no se atrevería a llamar falsos
a un Raphael o a una Isabel Pantoja...
En
todo caso debería haberle explicado a Leydanis ese concepto de la
falsedad que usted tiene, de la falta de sinceridad en un escenario,
y que evidentemente ella no entendió ni se sintió identificada en
manera alguna, lo único que sintió fue una humillación gratuita
que consideraba que no merecía para nada. Estoy convencida de que a
juicio de ella misma lo último que se sentía era falsa
y así lo manifestó
desde lo profundo de su persona. Ella era auténtica, real, era así,
como ella misma dijo, y que alguien le espetara lo contrario solo lo
podía interpretar como un insulto y una falta de respeto. A mi modo
de ver (ahora que he encontrado el vídeo de esa actuación y lo he
revisado), creo que usted confundió la falta de sinceridad sobre el
escenario con una cierta pérdida de papeles, una cierta
sobreactuación que yo creo que fue por causa de los nervios.
Y me da rabia, señor Mejide, mucha rabia, pensar que usted estaría
a buen seguro sintiendo un placer inmenso al ver la imagen de la
chica descomponerse, al ver el negro de su maquillaje de ojos
resbalar por sus mejillas al no poder contener unas lágrimas que
brotaban de sus ojos sin poder impedirlo, por mucho que ella, estoy
segura, trataba de mantenerlas a raya y mantener el tipo mientras
usted, ¡hipócrita y falso Risto!, se justificaba pensando que le
hacía un favor a ella con su sabia crítica, porque, una
inteligencia como la suya no tiene rival y usted sabe perfectamente
lo que le conviene a cada uno de los concursantes a los que debe
enjuiciar.
Y es que, Risto, no nos engañemos, no se engañe usted, pero no es
la primera vez que le he visto reaccionar de manera paranoica ante un
gesto, un simple gesto, una mueca, una leve sonrisa, malinterpretados
por usted, de alguno de los artistas a los que, como a esta sensible
mujer cubana, ha faltado al respeto, sí, ese que ella misma le pidió
que le devolviera, no porque, como usted dijera, “el respeto no se
exige, el respeto se gana”, sino porque el respeto es algo a lo que
todas las personas, como seres humanos, nos debemos unos a otros. Y
es que usted confunde los términos y se queda tan pancho, porque
usted está tan pagado de sí mismo que siempre siempre sus opiniones
prevalecerán por encima de las de los demás. Si es que es tan
sencillo... Risto, usted le faltó al respeto y ella le hizo esa
advertencia o esa petición porque no se sentía merecedora de ello,
y no hay más. Y usted va y pretende darle la vuelta a la tortilla y
manifestar que era ella quien debía demostrar que merecía un
respeto. Perdone que me ría a pesar de mi indignación. Es como si
un asesino que mata a otra persona porque se le antoja que no merece
seguir viviendo alegara en su defensa que la mató porque ella se lo
buscó, que para continuar con vida tiene cada cual que demostrar que
así lo merece. O sea, como que la vida no es un derecho inalienable
de todas las personas sino que han de hacer méritos para que así
sea. Sí, esa es su postura, Risto Mejide, esa chica no se había
hecho respetar porque, según usted, era “falsa no, lo siguiente”.
Me quedo sin palabras.
El
respeto, dice usted, Risto, que es lo que ha ejercido levantándose
por la mañana, yendo al plató, mirando el ensayo de la pareja
varias veces y escuchando su actuación sin interrupción por su
parte. Jajaja, hasta ahí podíamos llegar... Ese es su trabajo, nada
tiene que ver con lo del respeto. Sin embargo usted sí que ha
interrumpido a Leydanis cuando ella, desde su ingenuidad, relataba su
experiencia de venir a España buscando oportunidades y usted ha
cortado su alegato con una sarcástica carcajada y un comentario
sobre lo poco acertado de venir a nuestro país con ese propósito.
Pero eso no es faltar al respeto. Sin embargo después, cuando ella
ha hecho una pequeña interrupción al sentirse ofendida o
desconcertada por sus palabras, unas palabras dirigidas a ella
personalmente y que le parecían injustificadas, entonces era ella la
que le estaba faltando al respeto a usted por esa breve interrupción.
Que me lo expliquen...
Pero
el colmo ya fue cuando, seguramente, intuyó que había metido la
pata y se había pasado unos cuantos pueblos con esa mujer y para
“arreglarlo”, como premio de consolación va y le concede un “tú
sí que vales” que ese sí que era más falso que los paraguas de
un bazar chino. ¿Acaso pretendía usted desagraviarla...? porque, no
sé, de verdad que no lo sé, si usted era consciente de estar
humillándola más aún o es que de psicología sabe lo que yo de
física nuclear. Me pregunto cómo le llama usted a esa actuación
suya de, después de lo sucedido, otorgarle el voto de “tú sí que
vales”. ¿Eso se llama falsedad
o ensañamiento?
A estas alturas me da igual su respuesta, es usted un impresentable.
Yo, no solo no lo compro (por cierto, creo que eso sería esclavitud)
sino que tampoco me lo quedo ni regalao.
V.
E.

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