o la pesadilla diaria
Últimamente,
me viene pasando ya desde hace un tiempo, cada vez que suena la
alarma de mi despertador me despierto sobresaltada creyendo que es el
teléfono y me están llamando de Jazztel.
Y es
que esta compañía de teléfono e Internet es una gran compañía,
no por nada sino por lo que acompaña. Nos acompañan a cualquier
hora del día los siete días de la semana y eso, no me negarán,
tiene su mérito hoy día, en que parece que cada cual va a lo suyo
sin pensar en los demás. Pues, créanme, ellos, los de Jazztel, no,
ellos se acuerdan de nosotros a diario para brindarnos esos
impagables momentos de conversación telefónica fluida, amena,
relajante y alentadora.
Desde
hace ya bastante tiempo, años, incluso, tenemos en mi casa un pacto
tácito de no pasarnos a Jazztel. Y es que, llegados a un punto, ya
nos da igual si nos sale más barato contratar la línea con esta
compañía, el acoso telefónico venía haciéndose tan insoportable
que fue decisión unánime de los miembros de mi hogar no contratar a
Jazztel así nos regalaran el servicio.
Pasó
un tiempo en que las llamadas a mi casa parecían distanciarse un
poco, parecían haberse olvidado de nuestra existencia o tal vez se
hubieran vuelto un poquito más comedidos hasta hace cosa de una
semana o así en que el bombardeo de llamadas, a todas horas de todos
los días, ha vuelto a hacerse intensivo y fastidioso y, como cada
vez llama un operador u operadora diferente, resulta que lo que se le
respondió al anterior ya no sirve, las palabras se quedaron en el
aire y se las llevó el viento y nos toca volver a repetir lo mismo
una y otra vez y, según nos pille, así será el tono de nuestra voz
y el estilo de nuestro léxico, dependiendo de la recarga de
paciencia; si está recién recargada nos podemos permitir no
mostrarnos demasiado hartos de tanta llamadita inútil y todavía
podemos contemporizar un poco con la persona al otro lado del
teléfono, haciéndole comprender nuestra situación de víctimas de
acoso mientras que ellos son más víctimas todavía, víctimas del
paro reinante, por lo que han debido acogerse a un empleo que es una
auténtica tomadura de pelo y de la que más de un agente saldrá
para ir directo a visitar al psiquiatra. Pero el día que nos pilla
con la paciencia a punto de agotarse, ese día, pobre del que se
atreva a llamar y pronuncie la palabra mágica, JAZZTEL, se
arrepentirá, si no de haber nacido, sí al menos de haber aceptado
ese contrato basura que lo obliga a llamar indiscriminadamente a
usuarios de otras líneas telefónicas y de ADSL que viven o intentan
vivir un poco tranquilos pagando su cuota de línea, que no está
mal, por un servicio de un número de megas que ya sabemos que no son
todos los que nos llegan, pero, tampoco está mal, que cuando hay
algún problema tardan lo suyo en solucionarlo pero al final lo
solucionan, con lo cual, tampoco está mal; en fin, que no es la
octava maravilla pero tampoco está mal.
Lo
único que el ciudadano a quien esta maldita crisis no ha causado
males mayores quiere es vivir tranquilo y en paz y para ello debe
evitar en todo lo posible permitir que llegue a sus oídos la palabra
JAZZTEL, y es que esa palabra suena como un cañonazo, como el
estallido de una bomba, como un disparo sin silenciador; esa palabra
es, para el pobre ciudadano que intenta descansar un poco en su
sillón, adormilado tras el repaso de una retahíla de quebraderos de
cabeza, una declaración de guerra en toda regla.
Y lo
curioso es que ni siquiera les damos ocasión para que expongan sus
ofertas, el ratito o ratazo que dura la conversación telefónica con
el agente al que le toque llamar versa sobre un error de base
cometido por ellos y que, si bien para los usuarios resulta molesto,
para ellos, los directivos o empresarios de Jazztel, es como tirarse
piedras sobre su propio tejado porque no les sirve de nada su llamada
sino de alejamiento y espantada de su hipotético nuevo cliente.
-Ring,
ring, ring.
-Diga...
-Hola,
quería hablar con Fulanita de Tal.
-Ella
no está en casa en este momento. ¿Quien la llama?
-Mi
nombre es Menganito o Menganita de Cual y le hablo de la compañía
JAZZTEL.
¡Ayyyyyyssss,
ya tuvo que pronunciar la palabra maldita! Se me disparan las antenas
y mi corazón se acelera.
-¿Y
por qué pregunta por Fulanita de Tal?
-Porque
queremos hablar con la titular de la línea y ella es la titular
(afirmándolo como si fueran
poseedores de la infalibilidad del mismísimo Papa).
-Oiga,
ya es la enésima vez que les digo que ella ya no es la titular y no
me interesa su oferta.
Al día
siguiente..., vuelta a preguntar por Fulanita de Tal, que es la
titular de la línea. Y yo que no, que ella no es la titular de la
línea. Y por la tarde, de nuevo a preguntar por ella y yo erre que
erre, que aunque antaño fuera la titular ya no es, que hace ya
tiempo que cambiamos la titularidad. Pues no, todavía no se han
enterado y seguirán y seguirán llamando para preguntar por Fulanita
de Tal, que es la titular de la línea según ellos y para ellos
siempre lo será. “Do re mí, do re fa, y siempre lo será”.
V.
E.

No hay comentarios:
Publicar un comentario