Otro campo de visión de la Visionaria Enmascarada

jueves, 14 de febrero de 2013

Jazztel o la pesadilla diaria


 


o la pesadilla diaria


Últimamente, me viene pasando ya desde hace un tiempo, cada vez que suena la alarma de mi despertador me despierto sobresaltada creyendo que es el teléfono y me están llamando de Jazztel.

Y es que esta compañía de teléfono e Internet es una gran compañía, no por nada sino por lo que acompaña. Nos acompañan a cualquier hora del día los siete días de la semana y eso, no me negarán, tiene su mérito hoy día, en que parece que cada cual va a lo suyo sin pensar en los demás. Pues, créanme, ellos, los de Jazztel, no, ellos se acuerdan de nosotros a diario para brindarnos esos impagables momentos de conversación telefónica fluida, amena, relajante y alentadora.

Desde hace ya bastante tiempo, años, incluso, tenemos en mi casa un pacto tácito de no pasarnos a Jazztel. Y es que, llegados a un punto, ya nos da igual si nos sale más barato contratar la línea con esta compañía, el acoso telefónico venía haciéndose tan insoportable que fue decisión unánime de los miembros de mi hogar no contratar a Jazztel así nos regalaran el servicio.

Pasó un tiempo en que las llamadas a mi casa parecían distanciarse un poco, parecían haberse olvidado de nuestra existencia o tal vez se hubieran vuelto un poquito más comedidos hasta hace cosa de una semana o así en que el bombardeo de llamadas, a todas horas de todos los días, ha vuelto a hacerse intensivo y fastidioso y, como cada vez llama un operador u operadora diferente, resulta que lo que se le respondió al anterior ya no sirve, las palabras se quedaron en el aire y se las llevó el viento y nos toca volver a repetir lo mismo una y otra vez y, según nos pille, así será el tono de nuestra voz y el estilo de nuestro léxico, dependiendo de la recarga de paciencia; si está recién recargada nos podemos permitir no mostrarnos demasiado hartos de tanta llamadita inútil y todavía podemos contemporizar un poco con la persona al otro lado del teléfono, haciéndole comprender nuestra situación de víctimas de acoso mientras que ellos son más víctimas todavía, víctimas del paro reinante, por lo que han debido acogerse a un empleo que es una auténtica tomadura de pelo y de la que más de un agente saldrá para ir directo a visitar al psiquiatra. Pero el día que nos pilla con la paciencia a punto de agotarse, ese día, pobre del que se atreva a llamar y pronuncie la palabra mágica, JAZZTEL, se arrepentirá, si no de haber nacido, sí al menos de haber aceptado ese contrato basura que lo obliga a llamar indiscriminadamente a usuarios de otras líneas telefónicas y de ADSL que viven o intentan vivir un poco tranquilos pagando su cuota de línea, que no está mal, por un servicio de un número de megas que ya sabemos que no son todos los que nos llegan, pero, tampoco está mal, que cuando hay algún problema tardan lo suyo en solucionarlo pero al final lo solucionan, con lo cual, tampoco está mal; en fin, que no es la octava maravilla pero tampoco está mal.

Lo único que el ciudadano a quien esta maldita crisis no ha causado males mayores quiere es vivir tranquilo y en paz y para ello debe evitar en todo lo posible permitir que llegue a sus oídos la palabra JAZZTEL, y es que esa palabra suena como un cañonazo, como el estallido de una bomba, como un disparo sin silenciador; esa palabra es, para el pobre ciudadano que intenta descansar un poco en su sillón, adormilado tras el repaso de una retahíla de quebraderos de cabeza, una declaración de guerra en toda regla.

Y lo curioso es que ni siquiera les damos ocasión para que expongan sus ofertas, el ratito o ratazo que dura la conversación telefónica con el agente al que le toque llamar versa sobre un error de base cometido por ellos y que, si bien para los usuarios resulta molesto, para ellos, los directivos o empresarios de Jazztel, es como tirarse piedras sobre su propio tejado porque no les sirve de nada su llamada sino de alejamiento y espantada de su hipotético nuevo cliente.

-Ring, ring, ring.
-Diga...
-Hola, quería hablar con Fulanita de Tal.
-Ella no está en casa en este momento. ¿Quien la llama?
-Mi nombre es Menganito o Menganita de Cual y le hablo de la compañía JAZZTEL.

¡Ayyyyyyssss, ya tuvo que pronunciar la palabra maldita! Se me disparan las antenas y mi corazón se acelera.

-¿Y por qué pregunta por Fulanita de Tal?
-Porque queremos hablar con la titular de la línea y ella es la titular (afirmándolo como si fueran poseedores de la infalibilidad del mismísimo Papa).
-Oiga, ya es la enésima vez que les digo que ella ya no es la titular y no me interesa su oferta.

Al día siguiente..., vuelta a preguntar por Fulanita de Tal, que es la titular de la línea. Y yo que no, que ella no es la titular de la línea. Y por la tarde, de nuevo a preguntar por ella y yo erre que erre, que aunque antaño fuera la titular ya no es, que hace ya tiempo que cambiamos la titularidad. Pues no, todavía no se han enterado y seguirán y seguirán llamando para preguntar por Fulanita de Tal, que es la titular de la línea según ellos y para ellos siempre lo será. “Do re mí, do re fa, y siempre lo será”.


V. E.

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