Otro campo de visión de la Visionaria Enmascarada

miércoles, 30 de enero de 2013

Psicópatas camaleónicos



Psicópatas camaleónicos


-Fauna humana-


Compruebo, no sin cierta reticencia a la credulidad, que abundan hoy día por Internet páginas, blogs, textos, comentarios, testimonios y toda clase de escritos de los que tienen cabida en estos espacios cibernéticos, a saber, todos lo que uno pueda imaginar, sobre psicópatas.

El psicópata hasta hace no muchos años era tenido por un criminal y de los peores, generalmente asesino, violador o ambas cosas a la vez. Un psicópata era un ser capaz de las mayores truculencias, de las mayores crueldades, realizadas en la persona de sus víctimas, un "ser humano" cruel, despiadado y sanguinario que solía hacer daño por placer; y es cierto, ese tipo de personas son psicópatas. Por suerte creo que no abundan mucho los psicópatas de esta especie, lo cual no quiere decir que no ocurran homicidios o incluso asesinatos a diario, amén de otros crímenes como las violaciones, los robos, las estafas, los secuestros, etc, que no necesariamente han de estar perpetrados por psicópatas.

Pero existen otro tipo de psicópatas, los integrados en la sociedad, aquellos individuos que caminan por la vida con una máscara puesta, aquellos que tienen buen cuidado en ocultar su verdadera naturaleza y se confunden y entremezclan en ambientes normales con gente normal sin que cualquiera pueda distinguir esta “anomalía” de su personalidad.

Afortunadamente parece que se habla cada vez más de ellos y digo afortunadamente porque no creo que sea porque estén proliferando sino porque están siendo descubiertos, están siendo desenmascarados. Cada vez se dan más las puestas en común de personas que alguna vez o de alguna manera han sido víctimas de un o una psicópata.

Me parece a mí que este tipo de personalidad lo ha habido siempre, en todas las épocas, en todas las culturas y en todas las sociedades, pero han estado tan bien camuflados, tan bien mimetizados con el entorno, tan perfectamente ocultos, que hasta ni sus propias víctimas han sido capaces de detectarlos o, en caso de haberlo hecho, no han podido siquiera testimoniarlo porque el psicópata se escudaba en falsos valores sociales como la autoridad, el prestigio, un cargo público relevante, una eminencia en alguna disciplina o rama del saber. En fin, igual que el escorpión encuentra una piedra donde poder esconderse, camuflarse y acechar a su víctima ideal y clavarle su aguijón por sorpresa, el psicópata se esconde, se camufla y observa el panorama para salir en el momento oportuno en el que, con total libertad e impunidad, puede lanzarse sobre su víctima y conseguir de ella lo que se proponga.

Decía al principio de mi post que observo este fenómeno no sin cierta incredulidad por mi parte y ello es debido a que, si bien es verdad que por un lado, hoy, gracias a la información, a los medios y a la predisposición de las personas a dar testimonio sin avergonzarnos de lo que nos acontece, tenemos muchas más posibilidades de conocer y por ello estar prevenidos contra este tipo de fenómenos sociales que llegan a ser importantes lacras, también creo que existe una postura bastante laxa que, sin ningún pudor, comedimiento o criterio más o menos objetivo, se dedica a encasillar a todo hijo de vecino, por alguna salida de tono en que lo hayan pillado in fraganti, en esta especie de subgénero humano que es la psicopatía. Creo que en esto como en muchas otras cosas, “por un perro que maté, mataperros me llamaron”.

Pero aquí a lo que vamos es a dejarnos caer sobre los auténticos psicópatas, esos psicópatas que llevan puesta su ropa de camuflaje y que son auténticos depredadores que, para colmo, haciendo el daño que hacen y por el gusto de hacerlo, permanecen impunes por varias razones, como la de que es difícil demostrar sus desmanes, o hacen un daño soterrado, más bien de carácter moral, sin que llegue a ser considerado delito, o cometen varias pequeñas estafas mediante engaño, de manera que en apariencia resultarían consentidas y además no queda constancia de haber estafado grandes sumas de dinero u otros bienes materiales cuyo valor alcance el carácter de delito.

Pero lo peor en todo caso no sería ese tipo de cosas, lo peor es el daño psicológico que logran causar a personas que precisamente han confiado en ellos y les han concedido bienes de un gran valor moral o espiritual creyendo que eran merecedores de ello cuando el resultado les ha hecho darse cuenta de que han sido estafadas moral, psíquica o emocionalmente por alguien sin escrúpulos que se ha burlado de sus sentimientos, de su buena predisposición y, para más inri, se ha aprovechado de la debilidad humana, en muchos casos no de una debilidad natural de la persona de la víctima sino de una debilidad temporal debida a las circunstancias concretas por las que atravesaba dicha persona, circunstancias que la hacían más vulnerable y susceptible de ser engañada, generalmente, habiendo tendido trampas, lanzado anzuelos o creado señuelos propios de verdaderos expertos cazadores humanos, sabiendo qué terreno pisar y en qué campos de acción pueden tener más posibilidades de éxito.

Su agudeza, sus dotes de observación, su inteligencia, son características que saben aprovechar al máximo, que manejan con gran destreza, de manera que son ases de la prestidigitación, magos capaces de hacernos ver lo que ellos quieren que veamos y han planeado tan jodidamente bien el escenario en el que van a actuar, que una llega y, parece todo tan natural, tan casual, tan inesperado y tan providencial, que, sin dudarlo cae en la trampa. Y pasará mucho, mucho tiempo hasta que esa pobre víctima se dé cuenta de que está atrapada, presa, indefensa, en una trampa mortal para su frágil psique, y cuando por fin lo descubra, estará tan debilitada que prácticamente le será imposible escapar.

Me considero una persona con suerte, después de todo, y estoy agradecida a esa información que decía que pulula por Internet, a las personas que, obviando su vergüenza, han denunciado y testimoniado sobre estos abusos de “psicópatas de andar por casa”, como yo les llamo, y de esa manera han alertado a otras personas que, como yo, estaban siendo víctimas de este tipo de depredadores humanos que, es cierto, por mucho que nos cueste creerlo, pero existir existen. Imagino que quizás puede tratarse de algo así como el tema de los extraterrestres, que uno tiene sus dudas, le parece algo más bien de ficción, en conclusión, si te preguntan, no crees que existan o, si acaso, te imaginas uno de esos encuentros en la tercera fase, te inclinas a verlo como algo espectacular, grandioso, llamativo, inmensurable. Pues no, mis queridos amigos y amigas, en este caso, los extraterrestres están entre nosotros y, aparentemente, no se diferencian en nada de los humanos. ¿Os acordáis de aquella serie de televisión?... (bueno, los que tenéis cierta edad no la habéis conocido). Me refiero a Los Invasores; en ella, una raza de alienígenas vivía en nuestro planeta Tierra y se confundía con los humanos ya que su apariencia era idéntica a la nuestra hasta que eran descubiertos. Pero, mientras tanto, solo se les podía distinguir por una pequeña marca diferenciadora, aunque había que ser observador y hacer caso de las pequeñas intuiciones para comprobar que realmente sus dedos meñiques los delataban.

Hay muchos estudios en la actualidad sobre la psicopatía, muchos testimonios, muchas clasificaciones, muchos compendios de su sintomatología, muchas advertencias y muchos consejos para cuando alguien se tropieza en su devenir con un espécimen de esta dañina raza, pero, si os fijáis en su “dedo meñique” seréis capaces de distinguirlos antes de que logren haceros daño.
A saber, este dedo meñique de los psicópatas es su facilidad para mentir y para manipular. Y ¿cómo distinguir esto antes de que sea demasiado tarde? Por supuesto hay que tener los ojos bien abiertos, no confiar en nadie en principio por muy buena apariencia que tenga. Creedme que este tipo de gente suele ser lobos con piel de cordero. Cuanto más pretendan mostraros sus bondades, creed menos en ellas. “Por sus frutos los conoceréis”, que no os valga lo que puedan deciros, que vaya siempre avalado por las actitudes y los hechos. Y, una vez que hayáis comprobado que alguien os miente, ya nunca volváis a confiar en esa persona.

Si vuestra intuición os indica que la persona a la que estáis conociendo tiene rasgos psicopáticos, huid de ella como de la peste; vuestra intuición no os engaña, no os preocupéis que no estáis dejando escapar ninguna joyita.

Es cierto que hay personas que tienen la costumbre de decir mentiras piadosas, es cierto también que hay otras que tienen tendencia a manipular a los demás, pero, si aprendéis a distinguir los motivos, las tendencias, los campos de acción, los fundamentos o el fondo de tales cuestiones, creo que sabréis distinguir al verdadero psicópata de una de estas personas que pueden cometer ciertos errores a causa de sus debilidades emocionales, su inmadurez, su inseguridad, etc. Pero pronto seréis capaces de distinguir a una de estas especies del auténtico psicópata. El psicópata miente siempre en su provecho, manipula siempre en su provecho, incluso a veces parece hacerlo por el simple y puro placer de reírse de ti aunque a ti te parezca que lo que va a conseguir es una nimiedad por la que no valía la pena arriesgarse a que te pillen en una mentira. Ah, amigo o amiga, pero es que a ellos les trae sin cuidado que se les pille en una mentira, disfrutan todavía más jugando a las ambigüedades.

Y por último, si te preguntas, cuando has llegado a descubrir que la persona que creías que te amaba por encima de todo o de la que te sientes locamente enamorado o enamorada, te ha estado engañando, ha creado una fábula alrededor vuestro con la única intención de pasarlo bien, de aprovechar en toda la medida que podía todo aquello que tú eres capaz de ofrecer y de darle, cómo no se siente avergonzado por ello, cómo no le duele haberte hecho daño a ti precisamente, cómo no es capaz de sentir el más mínimo remordimiento sino que, por el contrario, todavía disfruta alardeando de ello y regodeándose en lo que ha sido capaz de hacer, no lo dudes ya ni por un segundo, esa persona es un o una PSICÓPATA .

V. E.

No hay comentarios:

Publicar un comentario