Psicópatas camaleónicos
-Fauna humana-
Compruebo, no sin cierta reticencia a
la credulidad, que abundan hoy día por Internet páginas, blogs,
textos, comentarios, testimonios y toda clase de escritos de los que
tienen cabida en estos espacios cibernéticos, a saber, todos lo que
uno pueda imaginar, sobre psicópatas.
El psicópata hasta hace no muchos años
era tenido por un criminal y de los peores, generalmente asesino,
violador o ambas cosas a la vez. Un psicópata era un ser capaz de
las mayores truculencias, de las mayores crueldades, realizadas en la
persona de sus víctimas, un "ser humano" cruel, despiadado y sanguinario que solía hacer daño por placer; y es
cierto, ese tipo de personas son psicópatas. Por suerte creo que no
abundan mucho los psicópatas de esta especie, lo cual no quiere decir que no
ocurran homicidios o incluso asesinatos a diario, amén de otros
crímenes como las violaciones, los robos, las estafas, los
secuestros, etc, que no necesariamente han de estar perpetrados por psicópatas.
Pero existen otro tipo de psicópatas,
los integrados en la sociedad, aquellos individuos que caminan por la
vida con una máscara puesta, aquellos que tienen buen cuidado en
ocultar su verdadera naturaleza y se confunden y entremezclan en
ambientes normales con gente normal sin que cualquiera pueda
distinguir esta “anomalía” de su personalidad.
Afortunadamente parece que se habla
cada vez más de ellos y digo afortunadamente porque no creo que sea
porque estén proliferando sino porque están siendo descubiertos,
están siendo desenmascarados. Cada vez se dan más las puestas en
común de personas que alguna vez o de alguna manera han sido
víctimas de un o una psicópata.
Me parece a mí que este tipo de
personalidad lo ha habido siempre, en todas las épocas, en todas las
culturas y en todas las sociedades, pero han estado tan bien
camuflados, tan bien mimetizados con el entorno, tan perfectamente
ocultos, que hasta ni sus propias víctimas han sido capaces de
detectarlos o, en caso de haberlo hecho, no han podido siquiera
testimoniarlo porque el psicópata se escudaba en falsos valores
sociales como la autoridad, el prestigio, un cargo público
relevante, una eminencia en alguna disciplina o rama del saber. En
fin, igual que el escorpión encuentra una piedra donde poder
esconderse, camuflarse y acechar a su víctima ideal y clavarle su
aguijón por sorpresa, el psicópata se esconde, se camufla y observa
el panorama para salir en el momento oportuno en el que, con total
libertad e impunidad, puede lanzarse sobre su víctima y conseguir de
ella lo que se proponga.
Decía al principio de mi post que
observo este fenómeno no sin cierta incredulidad por mi parte y ello
es debido a que, si bien es verdad que por un lado, hoy, gracias a
la información, a los medios y a la predisposición de las personas
a dar testimonio sin avergonzarnos de lo que nos acontece, tenemos
muchas más posibilidades de conocer y por ello estar prevenidos
contra este tipo de fenómenos sociales que llegan a ser importantes
lacras, también creo que existe una postura bastante laxa que, sin
ningún pudor, comedimiento o criterio más o menos objetivo, se
dedica a encasillar a todo hijo de vecino, por alguna salida de tono
en que lo hayan pillado in fraganti, en esta especie de subgénero
humano que es la psicopatía. Creo que en esto como en muchas otras
cosas, “por un perro que maté, mataperros me llamaron”.
Pero aquí a lo que vamos es a dejarnos
caer sobre los auténticos psicópatas, esos psicópatas que llevan
puesta su ropa de camuflaje y que son auténticos depredadores que,
para colmo, haciendo el daño que hacen y por el gusto de hacerlo,
permanecen impunes por varias razones, como la de que es difícil
demostrar sus desmanes, o hacen un daño soterrado, más bien de carácter moral,
sin que llegue a ser considerado delito, o cometen varias pequeñas
estafas mediante engaño, de manera que en apariencia resultarían
consentidas y además no queda constancia de haber estafado grandes
sumas de dinero u otros bienes materiales cuyo valor alcance el
carácter de delito.
Pero lo peor en todo caso no sería ese tipo de cosas, lo peor es el daño psicológico que logran causar a personas que precisamente han confiado en ellos y les han concedido bienes de un gran valor moral o espiritual creyendo que eran merecedores de ello cuando el resultado les ha hecho darse cuenta de que han sido estafadas moral, psíquica o emocionalmente por alguien sin escrúpulos que se ha burlado de sus sentimientos, de su buena predisposición y, para más inri, se ha aprovechado de la debilidad humana, en muchos casos no de una debilidad natural de la persona de la víctima sino de una debilidad temporal debida a las circunstancias concretas por las que atravesaba dicha persona, circunstancias que la hacían más vulnerable y susceptible de ser engañada, generalmente, habiendo tendido trampas, lanzado anzuelos o creado señuelos propios de verdaderos expertos cazadores humanos, sabiendo qué terreno pisar y en qué campos de acción pueden tener más posibilidades de éxito.
Pero lo peor en todo caso no sería ese tipo de cosas, lo peor es el daño psicológico que logran causar a personas que precisamente han confiado en ellos y les han concedido bienes de un gran valor moral o espiritual creyendo que eran merecedores de ello cuando el resultado les ha hecho darse cuenta de que han sido estafadas moral, psíquica o emocionalmente por alguien sin escrúpulos que se ha burlado de sus sentimientos, de su buena predisposición y, para más inri, se ha aprovechado de la debilidad humana, en muchos casos no de una debilidad natural de la persona de la víctima sino de una debilidad temporal debida a las circunstancias concretas por las que atravesaba dicha persona, circunstancias que la hacían más vulnerable y susceptible de ser engañada, generalmente, habiendo tendido trampas, lanzado anzuelos o creado señuelos propios de verdaderos expertos cazadores humanos, sabiendo qué terreno pisar y en qué campos de acción pueden tener más posibilidades de éxito.
Su agudeza, sus dotes de observación,
su inteligencia, son características que saben aprovechar al máximo,
que manejan con gran destreza, de manera que son ases de la
prestidigitación, magos capaces de hacernos ver lo que ellos quieren
que veamos y han planeado tan jodidamente bien el escenario en el que
van a actuar, que una llega y, parece todo tan natural, tan casual,
tan inesperado y tan providencial, que, sin dudarlo cae en la trampa.
Y pasará mucho, mucho tiempo hasta que esa pobre víctima se dé
cuenta de que está atrapada, presa, indefensa, en una trampa mortal
para su frágil psique, y cuando por fin lo descubra, estará tan
debilitada que prácticamente le será imposible escapar.
Me considero una persona con suerte,
después de todo, y estoy agradecida a esa información que decía
que pulula por Internet, a las personas que, obviando su vergüenza,
han denunciado y testimoniado sobre estos abusos de “psicópatas de
andar por casa”, como yo les llamo, y de esa manera han alertado a
otras personas que, como yo, estaban siendo víctimas de este tipo de
depredadores humanos que, es cierto, por mucho que nos cueste
creerlo, pero existir existen. Imagino que quizás puede tratarse de
algo así como el tema de los extraterrestres, que uno tiene sus
dudas, le parece algo más bien de ficción, en conclusión, si te
preguntan, no crees que existan o, si acaso, te imaginas uno de esos
encuentros en la tercera fase, te inclinas a verlo como algo
espectacular, grandioso, llamativo, inmensurable. Pues no, mis
queridos amigos y amigas, en este caso, los extraterrestres están
entre nosotros y, aparentemente, no se diferencian en nada de los
humanos. ¿Os acordáis de aquella serie de televisión?... (bueno,
los que tenéis cierta edad no la habéis conocido). Me refiero a Los
Invasores; en ella, una raza de alienígenas vivía en nuestro planeta Tierra y se confundía con
los humanos ya que su apariencia era idéntica a la nuestra hasta que
eran descubiertos. Pero, mientras tanto, solo se les podía
distinguir por una pequeña marca diferenciadora, aunque había que
ser observador y hacer caso de las pequeñas intuiciones para
comprobar que realmente sus dedos meñiques los delataban.
Hay
muchos estudios en la actualidad sobre la psicopatía, muchos
testimonios, muchas clasificaciones, muchos compendios de su
sintomatología, muchas advertencias y muchos consejos para cuando
alguien se tropieza en su devenir con un espécimen de esta dañina
raza, pero, si os fijáis en su “dedo meñique” seréis capaces
de distinguirlos antes de que logren haceros daño.
A
saber, este dedo meñique de los psicópatas es su facilidad para
mentir y
para manipular.
Y ¿cómo distinguir esto antes de que sea demasiado tarde? Por
supuesto hay que tener los ojos bien abiertos, no confiar en nadie en
principio por muy buena apariencia que tenga. Creedme que este tipo
de gente suele ser lobos con piel de cordero. Cuanto más pretendan
mostraros sus bondades, creed menos en ellas. “Por sus frutos los
conoceréis”, que no os valga lo que puedan deciros, que vaya
siempre avalado por las actitudes y los hechos. Y, una vez que hayáis
comprobado que alguien os miente, ya nunca volváis a confiar en esa
persona.
Si
vuestra intuición os indica que la persona a la que estáis
conociendo tiene rasgos psicopáticos, huid de ella como de la peste;
vuestra intuición no os engaña, no os preocupéis que no estáis
dejando escapar ninguna joyita.
Es
cierto que hay personas que tienen la costumbre de decir mentiras
piadosas, es cierto también que hay otras que tienen tendencia a
manipular a los demás, pero, si aprendéis a distinguir los motivos,
las tendencias, los campos de acción, los fundamentos o el fondo de
tales cuestiones, creo que sabréis distinguir al verdadero psicópata
de una de estas personas que pueden cometer ciertos errores a causa
de sus debilidades emocionales, su inmadurez, su inseguridad, etc.
Pero pronto seréis capaces de distinguir a una de estas especies del
auténtico psicópata. El psicópata miente
siempre en su provecho, manipula
siempre en su provecho, incluso a veces parece hacerlo por el simple
y puro placer de reírse de ti aunque a ti te parezca que lo que va a
conseguir es una nimiedad por la que no valía la pena arriesgarse a
que te pillen en una mentira. Ah, amigo o amiga, pero es que a ellos
les trae sin cuidado que se les pille en una mentira, disfrutan
todavía más jugando a las ambigüedades.
Y
por último, si te preguntas, cuando has llegado a descubrir que la
persona que creías que te amaba por encima de todo o de la que te
sientes locamente enamorado o enamorada, te ha estado engañando, ha
creado una fábula alrededor vuestro con la única intención de
pasarlo bien, de aprovechar en toda la medida que podía todo aquello
que tú eres capaz de ofrecer y de darle, cómo no se siente
avergonzado por ello, cómo no le duele haberte hecho daño a ti
precisamente, cómo no es capaz de sentir el más mínimo
remordimiento sino que, por el contrario, todavía disfruta
alardeando de ello y regodeándose en lo que ha sido capaz de hacer,
no lo dudes ya ni por un segundo, esa persona es un o una PSICÓPATA
.
V.
E.
No hay comentarios:
Publicar un comentario